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¿Vamos hacia otro ciclo de Violencia oficial como lo anuncia el Fiscal Martínez?

Vargas Lleras, Santos y Martínez

Un análisis objetivo del proceso de paz acordado entre el Estado colombiano y las Farc-EP, muestra una grande y abrumadora realidad: La incertidumbre.

El Acuerdo de paz firmado por última vez en el teatro Colón de Bogotá en noviembre del año pasado,2016, va rumbo a convertirse en otra realidad: la de un compendio de deseos que no se va a poder realizar. No por falta de voluntad política de la guerrilla firmante que cumplió todos los compromisos adquiridos, sino por el incumplimiento programado por parte del Estado, de sus obligaciones firmadas ante el pueblo colombiano y ante la comunidad Internacional.

Un compendio de letra muerta que, una vez más frustra de manera brutal los deseos de paz de los colombianos y muy posiblemente, como lo anuncia el Fiscal Martínez en la última entrevista dada al diario El Tiempo, 22 de octubre 2017 (ya empiezan a aparecer los primeros muertos de lado y lado en los titulares de la gran prensa adicta al régimen) lleve a nuestra sociedad aun nuevo ciclo de Violencia, con el pretexto tan antiguo como el mismo narcotráfico de la Drug War o guerra contra las drogas. (1)

El Estado a pesar de toda su experiencia en esta Larga Guerra extranjera, con todos los fracasos y frustraciones acumuladas, continúa con el consabido resabio clasista y oligárquico de agrupar en el único concepto de NARCOTRÁFICO toda la complejísima cadena de cultivo de coca, las diversas fases de la producción, distribución, exportación, venta al menudeo de la cocaína, y el consecuente lavado de dólares; sin establecer diferencias ni sociales ni económicas y de Poder surgidas, para  empaquetar todo este abigarrado fenómeno en el viejo y útil concepto de “delincuencia organizada”, a la que solo hay que aplicar la represión legal y militar del Estado: El viejo Orden Público de los contrainsurgentes.

Para personas tan avispadas (avispas les dicen en la calles de Colombia) como el Fiscal Martínez, y tan comprometidas en ese pacto de corrupción e impunidad desde el Poder del Estado denunciado por el senador Robledo en su último debate parlamentario, son iguales los campesinos y colonos miserables que cultivan para sobrevivir una pequeña parcela de arbustos de coca en cualquier selva colombiana, que los grandes capos mafiosos trasnacionales, quienes desde las grandes ciudades del primer Mundo (Miami o México City por ejemplo) exportan el alcaloide y lavan el dinero en los paraísos fiscales que existen en las cercanas islas semicoloniales del Caribe, y cuyas cuantiosas pérdidas en dólares quedaron al descubierto con los reciente huracanes.

En consecuencia, “aplicarles todo el peso de la ley”, que al final viene a ser “todo el peso de las armas del Estado”.

Ese es el nuevo ciclo de violencia oficial anunciado, el que sumado a la Ira y el desencanto producidos por la frustración que deja la NO realización de los Acuerdos de paz, más la real posibilidad de que “la negociación con “las fart” continúe abierta (como hasta ahora) a una renegociación indefinida” durante el próximo gobierno, es probable que sirva de combustible tanto objetivo (guerra contra las drogas) como subjetivo (frustración-ira por la burla del Estado) para incendiar nuevamente la pradera.

Un análisis descarnado de clase, del fenómeno de las llamadas “disidencias de las Farc al proceso de paz”, muestra un hecho simple: La mayoría de los disidentes son mandos medios de esa organización político-militar, salidos de las capas más pobres del campesinado cercano a la colonización selvícola que cultiva arbustos de coca para sobrevivir y que han aprendido con su espíritu práctico, tal vez no la ciencia de la guerra, sino su arte.

En la Habana, ha quedado la dirección del sector “intelectual y romántico” surgido de la pequeña burguesía citadina en la década de los 70, y que ha firmado los Acuerdos de paz para no volver nunca más a la guerra. Por el contrario, en la colonización cocalera de Colombia ha surgido o se ha puesto al frente de su dirección, un sector de clase diferente; posiblemente menos ilustrado, pero si más radical y decidido a ir hasta un difícil final.

No estoy seguro de que, en el seno de la dirección del Estado como en la dirección del nuevo partido Fuerza del Común, sean conscientes de lo que esto significa para el futuro de la sociedad colombiana.

El Problema, donde ambas direcciones están enfrascadas, no es SI en las próximas elecciones presidenciales se resuelve la contradicción entre Implementación/corrupción oficial, la cual dicho sea de paso solo se podrá resolver con una Constituyente Democrática y Popular que horroriza al presidente Santos y sus socios de negocios; sino en entender la fuerza objetiva, parecida a la corriente del rio Amazonas, que ayudada por la incertidumbre, va deslizando a la sociedad colombiana hacia el nuevo ciclo de Violencia anunciado proféticamente por Néstor Humberto (1)

La implementación del Acuerdo de paz Estado-Farc-EP (no analizo el proceso con el ELN porque no se ha llegado aún a firmar ningún acuerdo integral y general) se ha dejado exprofeso a una trisomía escolástica, a estas alturas del debate social imposible de aclarar: Quienes están por su hipotética implantación mejorada en el parlamento y en las cortes judiciales, que por ser parte de la “gobernanza Santista” (pej los Liberales) no harán nada para romper el pacto de corrupción e impunidad desde el Poder.

Una segunda alternativa será quienes priorizan la erradicación de la corrupción oficial dejando para una segunda o tercera prioridad la implementación de los Acuerdos de paz (pej Verdes, Progresistas y Moir, etc).

Y una tercera, la Falange (no de los dedos) sino la Falange Política a la que necesariamente llegarán después de la segunda vuelta, Vargas Lleras el ex vicepresidente de Santos, con los ex presidentes Uribe Vélez y Pastrana, reforzados con los estandartes de Ordoñez y aliados, quienes “no necesitan hacer trizas” lo que YA está en añicos. Solamente “renegociarán” nuevamente lo acordado que no les satisfaga. Por ejemplo, el “programa de erradicación voluntaria de cultivos de coca pactado”, con lo que volvemos al escenario anunciado tan anticipadamente por el vocero de Vargas Lleras, el Fiscal Martínez, en su entrevista mencionada abajo (1)

Nota (1) http://www.eltiempo.com/justicia/conflicto-y-narcotrafico/entrevista-con-nestor-humberto-martinez-sobre-el-problema-del-aumento-de-cultivos-ilicitos-143506

Por Alberto Pinzón Sánchez.
www.radiomacondo.fm