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EL LIBRO DE LILA Estreno Septiembre 28

Acerca de Lila

Lila es el personaje de un libro que repentinamente queda fuera de su mundo de papel y atrapada en otro al que no pertenece. Es así como inicia esta gran aventura, donde Lila entenderá que solo Ramón, el niño que años atrás solía leerla, puede salvarla.

Pero no será una tarea fácil, Ramón ya no es el mismo de antes, ha crecido y no solamente ha dejado de leer sino de creer en la fantasía. Es entonces cuando Lila y su nueva amiga Manuela tendrán que arreglárselas para convencerlo de lo que está sucediendo y de emprender juntos un arriesgado viaje hacia El Olvido, un tenebroso lugar donde ha caído El libro de Lila.

A lo largo de esta aventura por mundos mágicos, los niños descubrirán el real valor de la amistad y el poder de la fantasía.

Voces: María Sofía Montoya Solera – ‘Lila’
Estefanía Beatriz Duque Giraldo – ‘Manuela’
Antoine Philippart Marín – ‘Ramón’
Leonor González Mina – ‘Guardiana de la Selva’
Jorge Enrique Herrera Perdomo – ‘Señor del Olvido’

Ficha Técnica

Tipo: Largometraje animado
Técnica: Animación 2D
Duración: 76 minutos
Género: Aventura, fantasía
Guion y Dirección: Marcela Rincón González
Producción: Maritza Rincón González
Empresa Productora: Fosfenos Media (Colombia)
Empresa Coproductora: Palermo Estudio (Uruguay)
Dirección de Arte: Tatiana Espitia López y Daniel Murillo Gómez
Desarrollo de Personajes: Alfredo Soderguit Barboza y Alejo Schettini
Dirección de Animación: Ulises de Jesús Ramos
Dirección de Composición Digital: Manuel Alejandro Victoria
Composición Musical: Juan Andrés Otálora Castro
Dirección de Casting: Andrés Reina Ruiz
Dirección de Sonido: Juan Felipe Rayo Sánchez

Oficina de Prensa

LIZZETH ACOSTA MELO LITZA ALARCÓN ROMERO
Cel. 313 3875742 Cel. 310 5664031
lizzeth.acosta@oficinadeprensa.com.co litza.alarcon@oficinadeprensa.com.co

Elaboración de Textos
CARLOS BARAJAS VILLAMIL

‘Los Protagonistas’ de El Libro de Lila

Lila
Es el personaje de un libro, una niña silvestre, juguetona y soñadora que no conoce los límites. Ama y respeta la tierra, el río, el sol y especialmente los árboles. Su gran sabiduría le permite sonreír con las flores y escuchar el canto de los guaduales.

Es una niña arriesgada y valiente que debe afrontar momentos difíciles, enfrentar sus miedos, perder lo que más quiere y estar en riesgo de desaparecer. Esta aventura le dará la oportunidad de conocer nuevos mundos, descubrir el valor de la amistad y compartir su particular forma de ver el mundo.

Manuela
Es una niña alegre, activa y juguetona a quien le encanta conocer nuevas personas. Es muy sensible y conserva una gran capacidad de asombro. Es amante de los animales y por eso su compañero inseparable es un perro que se llama Tambor.

Cuando conoce a Lila se maravilla con la idea de tener una amiga que viene de un libro y está dispuesta a ayudarla en todo lo que pueda, convirtiéndose en su amiga incondicional. Se mueve con facilidad en el barrio y encuentra la manera de resolver con practicidad las dificultades que afronta con Lila.

Ramón
Es hijo único, un niño inteligente y poco expresivo, muy casero, que no disfruta mucho de las actividades al aire libre. La mayor parte del tiempo está en su habitación donde tiene todo lo que cree que necesita, un televisor y un computador, pues es amante de la tecnología. A muy corta edad Ramón sufrió la pérdida de su madre y desde entonces se refugió en su propio mundo y esto hizo que se aislara de los demás. Le cuesta un poco relacionarse con los otros niños pero al final recupera su alegría y el poder de creer en sí mismo y en la fantasía.

La Guardiana de la Memoria
Es una mujer profundamente sabia y natural. Su historia es milenaria y cumple una función fundamental: conservar la memoria del mundo. Vive rodeada de los Tralalas, seres mágicos que representan las culturas de la humanidad. Es una gran Madre Protectora que ayuda a Lila a salvarse de caer en el olvido. Su voz es dulce y profunda, es mística y tiene poderes naturales que la hacen un ser único.

El Señor del Olvido
Es un ser solitario y refunfuñón, es el amo y señor del Desierto del Olvido, un lugar inhóspito donde llega todo lo que la gente ha olvidado. Vive en una gran fortaleza oscura y laberíntica donde incinera todo lo que llega a su reino. El Señor del Olvido tiene una máscara que habla de su dureza y que lo emparenta con la muerte y con las aves de rapiña, usa una pala a manera de bastón con la que realiza su trabajo. Este personaje tiene una ambición enfermiza y quiere volverse más poderoso atacando la memoria de la humanidad. Su misión es que la gente olvide cada vez más y para ello tiene a cargo unas aves misteriosas que raptan todo lo que pueden.

La lectura va a la pantalla

El Libro de Lila:
la aventura es hacer de la fantasía una realidad

El próximo 28 de septiembre se estrena en las pantallas de cine, El Libro de Lila, la primera película de fantasía totalmente animada, creada y pensada para los niños hecha en Colombia, más exactamente en Cali, por las hermanas Marcela y Maritza Rincón, las creadoras de la exitosa serie Guillermina y Candelario.

Encontrar una pieza de la cinematografía colombiana que reúna un hermoso mensaje y al tiempo recree lugares, personas, geografías, fauna, flora y un sin número de aspectos de todo lo que nos identifica, no es fácil. Y si a todo esto se suma que se ha realizado en un filme de animación, puede considerarse aún más especial. Todo eso lo tiene El libro de Lila.

La cinta, ópera prima de la directora y guionista Marcela Rincón González, es una producción de Fosfenos Media, en coproducción con Palermo Estudio de Uruguay, realizada en 2D y que aprovecha al máximo el recorrido de 12 años dedicados a la animación y creación de contenidos infantiles que tiene la casa productora colombiana.

Durante 76 minutos cuenta la historia de Lila, el personaje de un libro que repentinamente queda fuera de su mundo de papel y atrapada en otro al que no pertenece y donde vivirá muchas aventuras. El único que puede salvarla es Ramón, el niño que años atrás solía leerla, pero que ha crecido y sin darse cuenta ha dejado de leer y creer en la fantasía, lo que tiene terribles consecuencias que sólo se superarán cuando él entienda que la historia de Lila está ligada a su propia historia.

Es la primera cinta de su tipo que surge desde las regiones, específicamente de Cali, con talento cien por ciento local y rindiendo culto a la arquitectura de la ciudad y a los paisajes de la región y del país.

“Personalmente siento una gran fascinación por los mundos de fantasía, desde niña me ha encantado leer libros y ver películas de este género, pues me seduce mucho la idea de crear
universos que respondan a otras lógicas y que puedan llegar a sorprender gratamente al espectador, no solo desde la dimensión narrativa sino también estética”, sostiene la directora.

Contar esta historia requirió de siete años y de un equipo de más de 160 personas, entre ellos 80 artistas en diseño, ilustración y animación que crearon 64 mil dibujos que quedaron plasmados en el largometraje y son evidencia del esfuerzo de esta producción que rinde culto a lo propio, a la naturaleza y a valores como la amistad, la solidaridad y la valentía; y que invita a preservar la memoria, impidiendo que el olvido destruya los lazos que nos definen y nos unen a nuestro pasado.

En su inicio el proyecto obligó a un entrenamiento intensivo para el manejo de un programa especializado en animación, que en ese entonces era poco conocido en el país, lo que requirió “importar” un especialista desde Canadá para realizar una capacitación exclusiva al equipo de trabajo.

La selección de las voces requirió de un casting inicial a más de 380 niños a lo largo de cuatro meses para buscar a quienes les darían vida a los personajes infantiles de Lila, Manuela y Ramón, interpretados por María Sofía Montoya Solera, Estefanía Beatriz Duque Giraldo y Antoine Philippart Marín, respectivamente.

Para las voces de la Guardiana de la Memoria y el Señor del Olvido, la búsqueda tampoco fue tan sencilla, tomó dos meses y se evaluaron cerca de 20 adultos. Finalmente quedaron en manos, o mejor en las voces de Leonor González Mina y Jorge Herrera.

Todo esto convierte a El libro de Lila en una cinta pionera en la industria nacional, pues además de ser la primera película en animación dirigida por una mujer, abre un capítulo en la producción de cine animado en la ciudad del Caliwood. También hay que destacar que será una de las producciones más ambiciosas en el campo de contenidos digitales realizadas desde la región.

Los que creyeron en Lila
Para su realización los productores contaron con el apoyo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico de Colombia, el Programa Ibermedia, los Ministerios de Cultura y de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Parquesoft Pacífico y el Proyecto Vivelab.

Estos son los premios que el proyecto ha recibido a la fecha:
• Premio de Producción de Largometraje Animado. FDC 2012
• Premio de Desarrollo de Largometraje Animado. FDC – 2011
• Ayuda a la Producción de Películas Iberoamericanas. Ibermedia – 2013
• Ayuda al Desarrollo. Ibermedia – 2012
• Premio Nacional de Concertación. Ministerio de Cultura – 2016
• Beca para el Desarrollo de Guion para Largometraje dirigido al público infantil. Ministerio de Cultura – 2009.
• Beca para el Desarrollo de Largometraje. Estímulos Cali – 2016
• Premio Work in Progess. 6º Festival de Cine de Mujeres Femcine – 2016

Leonor González Mina es la Guardiana de la Memoria

A sus 84 años Leonor Gonzalez Mina es, al igual que la Guardiana de la Memoria a la que le prestó su voz en la cinta infantil El Libro de Lila, una mujer sabia, tranquila y poderosa, que disfruta de las cosas simples de la vida a las que cada vez el ser humano da menos importancia.

Actualmente vive en Cali -ciudad protagonista de la ópera prima de la directora Marcela Rincón González que se estrena el 28 de septiembre en salas de cine- cerca de su natal municipio de Robles, hasta donde viaja muy seguido para compartir en la casa de guadua de su hermano Robert Tulio, largas charlas en las que los recuerdos son el mayor tesoro.

Allí con él, y a veces con su hermana menor Laura, procuran que el olvido, como en la película, no se apropie de esos tesoros tan preciados como las vivencias, los buenos y no tan buenos momentos, la magia de la vida y la fantasía que nunca ha faltado en su vida artística.

“Aunque ahora mi voz no tiene la resonancia de antes por todo el esfuerzo que hice el año pasado cantándole a la paz”, dice con nostalgia esta negra, la Negra Grande de Colombia, a la que los colombianos verán, o mejor escucharán, dándole vida a La Guardiana de la Memoria, que guarda con recelo la memoria del mundo, ayudada y rodeada de unos seres mágicos que representan las culturas de la humanidad.

“El libro de Lila es una película infantil, pero el mensaje que lleva es igual de valioso tanto para los niños, como para los adultos y para los mayores, estoy segura de que el público la va a disfrutar tanto como lo hice yo cuando participé en ella”.

La búsqueda para dar con la mejor para interpretar este personaje animado le tomó a la directora Marcela Rincón y al director de Casting Andrés Reina Ruiz cerca de dos meses y analizar diez opciones. Al final se decidieron por la más grande de todas, quien además de hacer los diálogos prestó su voz para los cantos autóctonos como parte del fuerte trabajo musical de la película, que mezcla sonidos folclóricos con sonidos sinfónicos.

Finalmente, sobre su personaje de Guardiana de la Memoria, Leonor confiesa que hoy, paradójicamente, la impulsa a trabajar por no perder su propia memoria porque por quebrantos de salud ha perdido algo de esa capacidad y debe hacer ejercicios diarios para que no avance y que muchas experiencias no se pierdan en el tenebroso lugar que sólo debe estar en la película y en la pantalla de cine: el olvido.
Jorge Herrera, El señor del Olvido
La voz de un villano para recordar

Un villano en una película puede ser incluso más determinante que el protagonista. Pero cuando ese villano, además, es animado, exige un actor capaz de darle a la animación la caracterización precisa. El elegido para esa tarea fue Jorge Herrera, el recordado papá de Betty, la fea, entre muchos otros personajes interpretados por este caleño.

“¡Estaban haciendo casting de voces y por supuesto inmediatamente me dije este es!!!”, sostiene Maritza Rincón

Él da vida a El Señor del Olvido, un papel de villanísimo, pero fantástico, que se ocupa de unas cosas completamente surrealistas: “robar la memoria y de paso los sueños, de quemarlos y destruirlos… ¡hasta tiene un departamento de incineración! Es un tipo bien misterioso”, refiere Jorge sobre su personaje.

Para él fue grato el papel porque le permitió regresar a sus inicios más primarios en la actuación cuando siendo niño empezó a interpretar personajes en la radio.

En El libro de Lila debía aplicar todo a través del canal verbal, crear un personaje y tuvo como referentes visuales algunos dibujos de El Señor del Olvido y algunos ensayos. “Ensayé con un coach que las chicas me pusieron al comienzo y de esa manera llegamos a la voz de El Señor del Olvido”.

La experiencia para él resultó fabulosa también por su trabajo de infancia haciendo montajes infantiles en dos grupos de teatro en Cali, uno de ellos del colegio. “Yo no tenía tiempo para divertirme los domingos porque me tocaba divertir a los otros niños, me tocaba actuar para ellos”, recuerda.

Parte de la magia muy particular que tiene El libro de Lila para Jorge está en que dibuja su barrio de la niñez, San Antonio, en Cali, “y pude verme de nuevo subiendo por la colina hacia los tanques, hacia un lugar fantástico. Para mí era una ruta muy transitada cuando era niño”.

Un film animado hecho en Cali
El hecho de que sea precisamente el talento de Cali el que realice la primera producción infantil animada para la pantalla grande lo llena de orgullo. En su opinión El libro de Lila es una alternativa distinta que pone la fantasía por encima de todo: los sueños, la posibilidad de soñar y entrar en relación con un mundo fantástico, algo que hace mucha falta.

“Nosotros vivimos en este mundo de la practicidad y el rendimiento, y la película muestra esa puerta que se abre de pronto hacia la fantasía y hacia la posibilidad de soñar, importantísima no solo para los niños sino para todo el mundo en este momento en el país: soñar con la posibilidad de una nueva sociedad que nos merecemos todos y que se merecen nuestros hijos”.

Por eso ve esta producción como una cinta que abre una puerta y permite habitar otros mundos, tomar otras iniciativas para contar otras historias. “Esta película tiene ese plus, además de ser muy bella”.

El libro de Lila y su música
Sonido y notas de cuatro mundos

Dos mundos musicales se unieron para darle vida a El libro de Lila: por un lado el de los sonidos sinfónicos, y por el otro el de los folclóricos. Todo fue posible gracias a la buena estrella que parece acompañar los proyectos que nacen para dejar huella.

Ser la primera cinta infantil animada genuinamente colombiana imponía no descuidar temas como el de la musicalización, todo un ítem dentro del género. Ya se habían invertido varios años de trabajo en la parte visual de la película y la parte sonora no podía quedarse atrás, fue entonces cuando gracias al apoyo del Ministerio de Cultura, apareció la figura de Juan Andrés Otálora, compositor musical de la película.

Este bogotano radicado en Los Ángeles (EEUU), licenciado en Guitarra de Jazz y compositor, arreglista y productor tanto en música popular como en cine, trabajó para el compositor Joel Mcneely en proyectos como American Dad, de la cadena Fox y la franquicia Tinkerbell de Disney y EuroDisney’s Dreams.

Otálora, además arregló y produjo Fonseca Sinfónico, con este artista y la Orquesta Sinfónica Colombiana, el cual ganó un Grammy Latino por Mejor Álbum Vocal Pop Contemporáneo y fue nominado a Álbum del Año, por lo que recibió un Grammy Latino como productor. Actualmente trabaja junto al compositor Jake Monaco en la serie DreamWorks Animation / Netflix Dinotrux.

Un sueño musical que juntó a muchos
El sueño de Marcela y Maritza siempre fue que la música de El libro de Lila tuviera una grabación con orquesta y que en La Selva de la Memoria sonara la marimba, por lo que invitaron a Hugo Candelario a hacer el acompañamiento con los instrumentos folclóricos.
También participó de la parte musical Fuego Sagrado, agrupación musical del colegio Ideas -donde la directora y la productora estudiaron- y que interpretó la canción de cierre de la cinta llamada Tambor de Tierra, que hace parte del último trabajo musical del colegio.

En total fueron cerca de dos meses y medio de un trabajo en el que intervinieron alrededor de 80 personas entre músicos, productores, equipo técnico y demás, y que permitió que, así como visualmente la película tiene identidad propia, la música de la cinta también la tuviera.
“El libro de Lila es algo que no se ha visto antes en Colombia, especialmente porque tiene una animación muy colombiana y una imaginaria muy local. Es una película rica en todo el sentido de la palabra, tanto en la parte emocional como en la visual y folclórica”, asegura Juan Andrés Otalora.

La grabación orquestal se realizó en Bogotá, en Audiovisión, en un escenario poco usual porque según el arreglista en Colombia no existe un sitio adecuado para grabar música para películas, que tenga múltiples pantallas y una sección de monitoreo para 60 personas.

Calcula que, como en toda película, se grabaron entre 40 y 50 piezas y para los cantos como los de Leonor González Mina ‘La Negra Grande de Colombia’, se hizo una cama musical, porque su voz era algo muy sutil y sus cantos muy específicos, por lo que en ciertas partes no era bueno un acompañamiento muy denso.

Frente a otros trabajos para películas y artistas, ¿qué es particular en Lila?
Realmente lo que más destaco es el color, la parte visual colombiana y la cultura del Pacífico, pero también que en muchas partes lo sinfónico es mucho más necesario para que la historia sea más dramática.

En este proyecto tuve la libertad de tomar de esos dos mundos y complementar esa historia tan bonita y toda la parte visual que está tan bien hecha. La idea era tratar de crear un mundo musical en capítulos y que cada uno tuviera su propio universo musical. Eso me llamó mucho la atención porque fue como seguir una historia por diferentes mundos con una diferente paleta musical para cada uno.

Según su experiencia ¿cuáles son los principios básicos para una exitosa musicalización de una película animada?
Buena pregunta. Más que todo que sea una película buena y creo que realmente el trabajo que hicieron Marcela y los animadores para gestar algo con tanta colombianidad fue increíble. Ya con eso en su sitio se le abren a uno muchas posibilidades.

Entonces ¿a qué suena El Libro de Lila?
A Magia. Tiene muchos elementos de fantasía empleados por la orquesta y también mezclados con un poquito de sabor Pacífico. Esa fue la idea siempre, mezclar esos mundos y crear algo mágico.

Esos mundos de los que habla este compositor y que le plantearon el difícil reto de lograr un ‘casamiento’ entre lo sinfónico y lo folclórico no solo por la diferencia entre lo que pueden interpretar rítmicamente una orquesta y un grupo folclórico, sino por lo complicado de tocar juntos, son cuatro: El mundo de Cali, el de El libro de Lila, el de la Selva de la Memoria y el mundo de El Desierto y la Fortaleza del Olvido, para los que intentó crear diferencias en el plano musical.

El mundo de Cali se basa principalmente en los niños y sus juegos. Sus partes orquestales tienden más hacia la música local caleña. En lo que se refiere a la Selva y El Libro de Lila, se dio importancia más a las partes folclóricas, especialmente las que tienen que ver con la Guardiana de la Selva que cuenta con la voz de Leonor González.

“Ella tiene algunos cantos en formato folclórico que hizo Hugo Candelario con Marimba de Chonta y toda la sección de percusión del Pacífico, pero también tiene sus lados orquestales grandes, mucho más cinemáticos”, explica el arreglista.

Y ya entrando hacia la parte final de la película y el viaje hacia el Desierto del Olvido la música adquiere un carácter dramático y orquestal, en un marco entre lo local y lo folclórico del Pacífico, pero que poco a poco va mostrando una estructura solamente orquestal y cinemática.

La fusión de sinfónica y folclor
La grabación de los cantos de Leonor González se hizo una vez se grabó el diálogo. Sólo una canción se grabó después de que Otálora había compuesto el acompañamiento musical. Después se grabaron las partes del ensamble folclórico a cargo de Hugo Candelario.

Y en los que iban unidos con orquesta y correspondían a la marimba de chonta, se grabó primero la orquesta y se unió con la marimba después en estudio. Obviamente todo basado sobre una grilla de tempo para que tanto la orquesta como Hugo pudieran sincronizarse.

Desde lo instrumental El libro de Lila tiene de todo un poco: instrumentos de una orquesta sinfónica que es la que prevalece durante toda la cinta; y a los que suman la marimba de chonta, el cununo y la riqueza de la percusión del Pacífico.

También tiene espacio la guitarra clásica y otras cuerdas como la mandolina y el tres, todos interpretados por Otálora, “pero son muy pequeños y están por ahí, sólo para dar color”, dice. Pero, al tiempo, da lugar a los solistas, es decir, secciones en las que Lila está representada por una flauta y otras donde El Señor del Olvido está representado por un violín.

El libro de Lila
Lo artístico por encima de lo técnico

Si hacer cine en Colombia ya es un desafío de grandes proporciones, apostarle al cine de animación lo es mucho más en un país donde aún no se cuenta con todos los recursos y la preparación para hacer este tipo de películas.

Aun así las hermanas Marcela y Maritza Rincón González –directora y productora respectivamente– hicieron de la animación y de la creación de contenidos infantiles, su vocación desde hace 12 años a través de su casa productora Fosfenos Media. Su primera obra fue un corto alrededor de una leyenda de amor que, aunque hecha en imagen real, tenía el género de fantasía en su esencia y apeló a unos pocos efectos para crear una pequeña ensoñación.

“Los siguientes trabajos nos encaminaron necesariamente hacia la animación por esa conexión tan fuerte con la fantasía a pesar de que en nuestros inicios veníamos mucho más influenciadas por la imagen real. Y ese tipo de historias nos fueron llevando hacia la técnica”, cuenta Maritza.

Fue Guillermina y Candelario, la serie infantil coproducida con Señal Colombia, la que las consagró y la que según sus propias palabras fue la universidad para ellas y el equipo y la que les dio seguridad para medírsele a la ‘locura’ de hacer un largometraje animado.

El ejercicio de Marcela como escritora y el de la empresa como productora siempre las llevó a explorar relatos que unían lo fantástico y lo real, pero durante la escritura de El libro de Lila ella ni siquiera imaginaba que sería una película, sólo al final vino la idea de producirla.

Hacerla en imagen real era imposible, hubiera requerido un presupuesto absurdo y unos estudios inmensos para poder hacer algo de calidad. Pero el recorrido que ya habían hecho en animación con Guillermina y Candelario y el equipo con que contaban hizo que la película se volviera un sueño colectivo. “Queríamos hacer una película animada como las clásicas, ilustrada y animada cuadro a cuadro y con talento local”.

Adelantando el cuaderno
La productora de El libro de Lila no duda en admitir que es mucho el terreno por recorrer en el cine de animación en el país respecto de lo que se hace en otros.
“A diferencia del cine de imagen real que en Colombia tiene una importante trayectoria y ha llegado a unos altos estándares, el cine animado apenas empieza su recorrido. Tenemos algunos referentes de los últimos seis u ocho años, pero son muy pocos y cada uno realizado con distintas técnicas. Apenas está empezando a vislumbrarse lo que podría ser la industria del cine animado en Colombia”, sostiene.

El libro de Lila es muestra de ello. Requirió el manejo de un software que para el inicio del proyecto era poco conocido. Esto obligó a contactar al fabricante y traer de Canadá al único instructor de habla hispana, un mexicano, para hacer un entrenamiento intensivo de una semana al equipo que debía usarlo.

“El libro de Lila, se hizo dibujando cuadro a cuadro. La película tiene alrededor de 64 mil dibujos y eso significa que cada ilustración fue intervenida por alrededor de 12 artistas y todos tenían que pintar como si fuera una sola mano, este es uno de los principales retos en una obra de estas características, por eso lo importante era tener un equipo de muy buenos ilustradores”.

Locaciones de lápiz y papel
Muchas otras decisiones técnicas se fueron tomando por el camino. Toda la ilustración fue digital, a diferencia de otras producciones en las que se plasma en papel, se escanea y luego se monta en digital. El libro de Lila se dibujó por completo en tableta digital y computador por lo que hubo que resolver aspectos técnicos, sin embargo, para la directora el gran desafío fue lo artístico.

Lo que en otras producciones son rodajes en locaciones reales, en El libro de Lila fueron ilustraciones basadas en lugares reales o nacidas de la imaginación. Así se mostraron aspectos relevantes de Cali y de otros lugares representativos de la geografía colombiana.

El contraste lo puso el guion. Cali debía verse como es y para esto se contó con la colaboración del uruguayo Alfredo Soderguit, quien junto a la directora Marcela Rincón recorrió la ciudad y coincidieron en el tipo de arquitectura más cinematográfica y bella de reproducir. Fue un scouting normal visitando varias calles y tomando registros fotográficos, a partir de los cuales el equipo de artistas propuso un tipo de ilustración para mostrar la ciudad.

La Selva de la Memoria y El Desierto del Olvido fueron otra cosa, dos mundos fantásticos para los que el guion hacía unas referencias y evocaciones precisas. La primera debía evocar a la selva chocoana con su componente mágico siempre presente. El desierto tomó como uno de sus referentes el paisaje del Desierto de La Tatacoa, en el departamento del Huila, aunque su parte industrial se salía de esa geografía.

Y un cuarto mundo fantástico fue el del libro de Lila, donde los sitios preferidos de la protagonista debían referir a lugares mágicos y de especial belleza del país como el bosque de niebla inspirado en las montañas cercanas y en las palmas del Valle del Cocora, en el Quindío, y el río de colores inspirado en Caño Cristales, en el Meta.

“Todos los dibujos se trabajaron con imágenes fotográficas porque era imposible viajar a tantos lugares, pero el espíritu del proyecto era que nos pudiéramos ver reflejados y hablar de todos estos lugares maravillosos que tenemos aquí”, dice la productora.

La estética: lejos del Cartoon y cerca del realismo
En cuanto al trabajo de arte, fue igualmente extenso y detallado. La paleta de colores de la cinta viaja por todo el espectro y se adapta de forma precisa a cada personaje y cada uno de los mundos. Los colores pueden ser ricos en escenarios como la selva, y lúgubres en otros como el desierto en una paleta muy amplia y real.

A diferencia de lo usual, se fue definiendo en el proceso de desarrollo por lo que el equipo hizo una búsqueda extensa de referentes sobre los tipos de ilustración y de la filmografía.

“Buscamos las películas que nos gustaban y uno de los grandes referentes de Lila son las películas japonesas del maestro Hayao Miyazaki con un carácter muy realista desde el punto de vista del estilo artístico y con gran riqueza estética y narrativa”, explica la directora Marcela Rincón.

Lejos de la tendencia artística impuesta por el Cartoon y el diseño de sus personajes tan característicos de televisión, El libro de Lila responde a un estilo más realista de una búsqueda cinematográfica que se fue definiendo en un paciente trabajo de decantación.

“No fue algo fácil, nos tomó un buen tiempo pero finalmente muchas cosas terminan dándose, no solamente por lo que se quiere sino por el talento humano que se tiene. El sello artístico lo marcó definitivamente el grupo de artistas que logramos conseguir en Cali. La búsqueda y selección del equipo de trabajo parecía más un casting de talento en la ciudad, la suma de esos talentos dio como resultado el estilo artístico del filme”, añade Maritza.

El amor por la lectura se hizo película

Una mirada detrás de los procesos que hicieron posible El libro de Lila, una historia que nació del amor por los libros y la nostalgia de ver cómo las cosas más importantes que nos rodean van quedando en el olvido cuando se pierde la fantasía y la capacidad de asombro de la niñez.

El guion que nació en la escuela
La historia de El libro de Lila empezó a escribirse mucho tiempo atrás, cuando su directora Marcela Rincón corría por los terrenos del colegio Ideas en Cali, la llamada ‘Aldea de los siete colores’, un universo mágico para los niños con salones que parecían Malokas, y bosques, guaduales y un río que rodeaba el plantel.

Ese temprano contacto con la naturaleza en ‘Aldea de los siete colores’, la marcó tanto como la tenacidad de sus padres por brindarle a ella y a sus hermanas una educación que trascendiera lo convencional e inculcarles el amor por la lectura con tardes de juegos en la biblioteca de la casa, donde su padre como buen maestro, siempre llegaba cargado de libros y su madre, una gran lectora, las deleitaba con narraciones de historias.

Así conoció la obra de Michael Ende, el escritor alemán de La Historia Interminable que luego dio lugar a la película Historia sin fin, y de quien se grabó una reflexión que hacía en uno sus textos: “¿Qué pasa con los personajes de los libros cuando nadie los lee?…” Por eso dice que “El libro de Lila es una historia que nació de una profunda nostalgia”, que evidenció cuando los avances tecnológicos empezaron a hacer que se perdiera la fascinación por la naturaleza y las cosas sencillas que nos rodean.

En poco tiempo ganó una beca que le ayudó a concentrarse más en su creación pero al cabo de un año debió ocuparse en otros proyectos que se realizaban en Fosfenos Media y se hizo una tarea cada vez más ardua y solitaria en la que el tiempo para escribir se volvió un lujo.

“Es de los procesos más duros que he vivido, me hizo ver mis demonios. Desarrollé una estructura según aspectos que había estudiado y después Federico Ivanier, guionista de Anina, me recomendó otra cosa y terminé explorando una estructura nueva que no conocía y estudiando un montón para adaptarme”.

Marcela escribía y le iba enviando avances que luego comentaban, y todo hizo que a lo largo de la producción fuera necesario repetir algunas grabaciones y reescribir algunos textos. “Pagué la ‘primiparada’ de asumir por primera vez la realización de un largometraje con una responsabilidad enorme y una mezcla de ansiedades e inseguridades muy intensa”, dice.

Tras ganar el premio de Desarrollo y el de Producción del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico – FDC, tuvo que terminar el proyecto bajo mucha presión, pero aún no estaba contenta con los diálogos de la Guardiana de la Memoria, el personaje de mayor responsabilidad de la historia por ser la que guía y ayuda a los niños.

Entonces conoció en Cali a Vera Carvajal, una escritora cuya obra se mueve alrededor de las mujeres, quien la asesoró para darle esa dimensión de mujer sabia y espiritual que habla con mucha poesía y profundidad, enriqueciendo enormemente los diálogos de este personaje.

De esa manera, lo que empezó correteando entre flores, árboles, ríos, libros y paisajes durante su infancia; cobró forma en El libro de Lila, una película llena de sensibilidad por esas dos cosas que han protagonizado la vida de Marcela: los libros y la naturaleza.

Haciendo casting a ojo cerrado
Darles vida a los personajes de El libro de Lila no era algo que se limitara simplemente a su aspecto. Necesitaban las voces que pudieran otorgarles alma y con ese fin el equipo en cabeza de la productora Maritza Rincón González debió hacer una búsqueda larga y extenuante que los llevó por colegios, escuelas de teatro, academias de actuación y un sinnúmero de espacios donde pudiera haber niños que encarnaran los personajes infantiles de la película.

Primero fueron los pequeños. La directora de la película y el director de Casting Andrés Reina Ruiz realizaron un proceso cercano al que se hace para una película de imágenes reales. “Especialmente con los niños se trata de llegar a algo muy similar que con un actor natural, es decir, que tenga características muy similares a las del personaje en cuanto a su personalidad”.

Luego de un primer barrido con cámara en mano con cerca de 380 niños, se realizó un segundo registro a partir del cual se escogieron algunos que llevaron al estudio de grabación para hacer sus registros sonoros. Obviamente el registro de voz y la calidad de la interpretación eran lo más importante, por lo que la directora dice que fue más un trabajo de tipo vocal porque era muy importante que esa voz transmitiera lo que se quería con el personaje.

Entonces cerraron los ojos y se dedicaron a escuchar los textos para ver si tenía la calidez, fuerza e intención que buscaban, de esta manera llegaron a los protagonistas María Sofía Montoya Solera, Estefanía Beatriz Duque Giraldo y Antoine Philippart Marín y otra parejita para los personajes extras infantiles.

Con los adultos resultó más sencillo, se escogieron dos para el papel de La Guardiana de la Selva y para El Señor del Olvido. La búsqueda fue más asertiva y se consideraron cerca de diez opciones para cada uno, pero había una mayor certeza de dónde encontrarlos.

Dándoles voz: actuando sin ver
La lógica de la animación plantea unas etapas algo diferentes de las normales para hacer una película. La primera fue el desarrollo del guion durante cinco años. Luego vino el desarrollo del proyecto, que consiste en realizar una exploración del universo visual y narrativo de la historia.

“Allí nos acercamos a la visualización de los personajes, a cada uno de los mundos que propone la historia y empezamos a explorar cómo trabajar el look que iba a tener la película, su estilo gráfico, la paleta de color y el tratamiento visual. Es una etapa muy importante en animación porque es cuando se toman las decisiones más importantes a nivel técnico y artístico y se generan los direccionamientos que va a tener la película. Es mucho más extenso al desarrollo de una película de imagen real”, dice Maritza.

Una vez superada esta etapa entraron en la preproducción y empezaron a hacer pruebas para saber cuánto les tomaría lograr la idea visual que querían. En otras palabras, había que determinar cuántos pasos o procesos se debían hacer para llegar al look final, cuántas personas intervendrían, el tiempo que tenían y cuánta plata requerían, esta última la gran limitante de los proyectos nacionales. Toda una matemática crucial.

“En imagen real se rueda y se puede repetir la toma cinco, ocho o diez veces; se van los actores, se desmonta el set y lo que quedó, quedó. Pero en este caso, siendo un trabajo digital que se hace en computador, en donde no hay tantos artistas involucrados, es más complicado. Podríamos quedarnos eternamente perfeccionando”.

Paralelo a todo este cálculo se inició el trabajo de casting, que tomó cerca de cuatro meses y otros dos con los actores adultos. Las voces de los personajes debían estar grabadas para el momento en que se iniciara el movie board, boceto con el cual el equipo de producción empezaría a trabajar. Se debían escoger las voces para hacer la preparación y el trabajo con actores, ir al estudio para grabar por escena y por personaje sólo con el guion y luego montarlo en una línea de edición.

De este modo, una vez llegara el equipo de producción a dibujar y animar, podría usar ese trabajo para tratar de plasmar la emocionalidad de los personajes con la referencia de la voz.

“También se puede grabar después de hacer las ilustraciones y la animación. De hecho con Lila tuvimos que realizar ambos procesos porque al final se repitieron algunas cosas y se mejoraron otros diálogos. Es común que el actor grabe en estudio viendo la imagen, pero según nuestra experiencia en animación, era de vital importancia contar con los diálogos previamente”, explica Marcela.

Con este proceso el trabajo con los niños protagonistas fue un ejercicio de imaginación que implicó hacer todo sin ver la imagen.

Así nacieron los personajes
Hacer los personajes de El libro de Lila fue otra ardua tarea. Una vez se escribió el guion la directora desarrolló el perfil de cada uno apoyada por Alfredo Soderguit, el Diseñador de Producción de Palermo Estudio, quien una vez se definieron los personajes les dio cara y formas. Así, en un diálogo constante el equipo de Uruguay complementó las ideas desarrolladas por el equipo de Colombia.

Uno de los temas esenciales era definir a Lila y se llegó muy fácilmente a una niña de larga cabellera y al color de su cabello para darle el carácter fantástico. La primera propuesta fue la de una niña que no se veía tan silvestre sino que se veía más urbana, entonces se empezó a dar vueltas alrededor de su vestuario.

“Se hizo una revisión de referentes y nos decidimos por algo cercano a los vestidos con bordados de Cartago, que son como de lienzo con pequeños tocados, las florecitas de su vestido y unos botines”, explica la directora Marcela Rincón.

Ramón en cambio, fue uno de los personajes que más costó. Debía reflejar tristeza y desconexión con el mundo y los otros niños, como en una burbuja. Soderguit se inspiró entonces en un cuadro clásico donde aparecía la imagen de un niño muy nostálgico y partió de esa imagen para concebir el diseño del personaje.

Manuela se desarrolló muy fácil desde el comienzo aunque de nuevo el vestuario los puso a pensar porque la propuesta inicial del equipo uruguayo presentaba una niña muy bogotana, de otro clima, tenía chaqueta y ella debía parecer de Cali. Entonces finalmente se llegó a una niña con vestuario más ligero de clima cálido y que representa la típica niña caleña en la película.

“Con la Guardiana de la Memoria dimos muchas vueltas”, cuenta la directora. Soderguit y su equipo propusieron inicialmente una mujer de tipo indígena y ella y su equipo querían que fuera más afro. Exploraron ambas opciones y se unieron elementos de ambas hasta obtener un personaje más sincrético.

Sin embargo de nuevo el vestuario los detuvo porque inicialmente se le dio uno con tocados y diseños complejos y en las pruebas de animación era un inconveniente por el gran número de líneas que implicaban, explica Marcela.

“Un ilustrador puede esmerarse en muchos detalles, pero en animación hay que simplificar lo que más se pueda porque cada línea es tiempo de trabajo en los miles de dibujos que hay que hacer”. Por eso se quitaron los estampados en el vestido de La Guardiana y se hizo más sencillo.

Finalmente, El Señor del Olvido planteó otro reto. Se exploraron varios caminos en su apariencia: primero como un militar, luego como un monarca, monje o hasta sepulturero, hasta que se llegó a algo similar a un miembro del Ku Klux Klan, emparentado con los buitres y los carroñeros. “Fue uno de los personajes que más trabajo requirió y terminó como una fusión más potente”.

Una producción pionera

En muchos aspectos El libro de Lila marca un punto de referencia no solo para el cine de animación sino para la industria en general:

 Primera película de animación en Colombia dirigida por una mujer: Marcela Rincón, y en cuya dirección y producción intervinieron las hermanas Marcela y Maritza Rincón.

 Es la primera cinta de animación hecha en la región, pues las previas se hicieron en Bogotá, además es la primera hecha en Cali con talento cien por ciento local. Un nuevo logro para la ciudad -que además hace parte del universo animado de la película- donde su tradición cinematográfíca le ha merecido el nombre de Caliwood.

 El personaje central, Lila, está planteado desde una perspectiva de género. Lila como protagonista tiene la gran misión de representar una niña valiente, soñadora, de espíritu guerrero… dándole una dimensión despojada de estereotipos como personaje femenino en los contenidos infantiles.

 El filme también es pionero en el género de la animación colombiana por ganar premios a lo largo de todo su proceso y terminar financiándose con fondos públicos principalmente. En total acumuló siete reconocimientos que hicieron posible su producción.

 El primer premio fue en 2009 por parte del Ministerio de Cultura para Guion dirigido al Público Infantil. Nueve años después es la primera película que, fruto de esta convocatoria, logra convertirse en realidad.

 Dos grandes aliados institucionales en la producción de El libro de Lila son el Ministerio de Cultura, por la importancia que la película da a la lectura, tema de especial interés para esta cartera, y el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, que a través de su proyecto Vivelab instaló laboratorios de creación de contenidos digitales en diversos puntos de la geografía nacional, siendo esta película uno de los resultados más contundentes hasta ahora obtenidos en esta plataforma.

 Adicionalmente es la primera película que gana los Premios al Desarrollo y Producción en la categoría de Animación otorgados por el FDC y será la primera en estrenarse que surge de esta categoría específica de incentivos para producción de cine animado en el país.

Perfil de las Realizadoras

Marcela Rincón Gonzalez
Guionista y Directora

Comunicadora Social – Periodista de la Universidad de Antioquia, se especializó en Prácticas Audiovisuales con énfasis en Escritura de Guion para Cine y Televisión en la Universidad del Valle. Además, es diplomada en Cine Digital de la Universidad ICESI y realizó dos versiones del Diplomado Internacional en Documental de Creación de la Universidad del Valle.

Es socia fundadora y Directora de Proyectos de Fosfenos Media y ha sido docente de escritura de ficción en la Escuela de Comunicación y Lenguaje de la Universidad Javeriana en Cali, así como del Diplomado de Televisión Infantil en la Universidad Santiago de Cali. Fue asesora de guion de los largometrajes El árbol y el silencio, de Vladimir Pérez, y de Pasos de héroe, de Henry Rincón.

Como guionista y directora ha realizado las cuatro temporadas de la serie animada Guillermina y Candelario (2011, 2012, 2013, 2017) en coproducción con Señal Colombia; la serie juvenil Vivir juntos, coproducción de Señal Colombia y Canal Encuentro de Argentina (2012); una variedad de clips documentales y animados para el programa Plaza Sésamo de Discovery Kids y el cortometraje El pescador de estrellas, producido por Fosfenos Media (2007).

Maritza Rincón Gonzalez
Productora

Comunicadora Social- Periodista de la Universidad de Antioquia, con postgrado en Gestión Cultural y Comunicación de Flacso, Argentina.

Ha estado vinculada con gran variedad de proyectos cinematográficos, documentales y series animadas de carácter nacional e internacional. En el 2005, junto a su hermana Marcela creó la productora Fosfenos Media.

Con Fosfenos ha sido productora del largometraje animado El libro de Lila, (Fosfenos Media y Palermo Estudio 2017) cuatro temporadas de la serie animada para televisión Guillermina y Candelario (Fosfenos Media y Señal Colombia en el 2017, 2013, 2011 y 2009 respectivamente), el cortometraje El pescador de estrellas (Fosfenos Media, 2007) y los documentales Hecho en Villapaz, dirigido por María Isabel Ospina (Fosfenos Media y Le Lokal 2014) y Retratos de la Ausencia dirigido por Camila Rodríguez (Premio DocTv Iberoámerica 2009).

Fue productora de la película Chocó, dirigida por Jhonny Hendrix Hinestroza (Antorcha Films, 2011); productora de campo de la película Los colores de la montaña (El Bus Producciones, 2009); jefe de producción de la película En coma (Antorcha Films – Efe-x Cine – RCN Cine, 2008); jefe de producción de Yo soy otro (Enic Producciones, 2005) y El Rey, (Fundación Imagen Latina, 2002).

Perfil de las Casas Productoras

Fosfenos Media – Productora
Es una productora de Cine y Televisión radicada en la ciudad de Cali – Colombia, especializada en la creación de contenidos infantiles de calidad.

Su primera obra el cortometraje El pescador de Estrellas obtuvo el premio Unicef, el tercer puesto en el Prix Jenusse Iberoamericano, representó a Colombia en la Conferencia Internacional de Televisión de Calidad INPUT 2008, en Sudáfrica, y recibió diversos premios a Mejor Cortometraje, Mejor Guion y Mejor Dirección.

Productora de Guillermina y Candelario, la primera serie infantil animada inspirada en personajes y escenarios del pacífico colombiano, realizada en coproducción con Señal Colombia, que ha hecho parte de la selección de importantes muestras y festivales nacionales e internacionales como el Prix Jeunesse Iberoamericano, Divercine, Festival Infantil Kolibrí, y fue merecedora del Premio India Catalina como Mejor Programa de Inclusión Social de la televisión colombiana en el 2014.

Cuenta con 12 años de experiencia produciendo sus propios proyectos y prestando servicios de producción de cine y televisión a canales nacionales e internacionales, lo que la ha llevado a participar en la producción de Sesame Workshop Estados Unidos con la realización de 13 live actions para las temporadas 11, 13 y 15 de Plaza Sésamo que emite Discovery Kids para toda Latinoamérica; así como en la investigación y producción de documentales para canales como Discovery Channel, Hip Entertainment y Endemol.

Palermo Estudio – Coproductora
Compañía uruguaya especializada en animación e ilustración. Junto a Raindogs cine y Antorcha films realizaron el largometraje animado Anina, una coproducción uruguaya-colombiana que tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 2013, con un amplio recorrido en más de 40 festivales de cine alrededor del mundo, y que se estrenó en Colombia en enero de 2014.

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