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A la derrota del paramilitarismo de Capriles, sigue la de Uribe Vélez

 

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No hubo táctica (legal o ilegal o hibrida) descrita en los manuales del US Army para la guerra de 4° generación, que NO se usara en Venezuela para derrocar al presidente Maduro.

Pero el tan odiado, ridiculizado, escarnecido y amenazado (hasta por el papa Bergoglio) presidente de los Bolivarianos (ojo Jaime, no son Bolivaristas) de Venezuela, se ha salido con la suya al haber logrado convocar al “bravo pueblo” hasta llevarlo a concluir la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, que en una gambeta incomprensible incluso para el prior jesuita amante del futbol argentino, descolocó a todos los que estaban apostando por la declaratoria de la dictadura militar y pudo entregar todo el Poder a la Constituyente, que en su primer acto lo puso en manos de la canciller Delcy Rodríguez; pasando él a un discreto segundo lugar y así sustraer su imagen del asedio internacional:

“Los buenos actores son los que se saben retirar a tiempo del escenario”, había escrito Napoleón Bonaparte en una pequeña nota comentario al borde de una de las hojas del manifiesto “El Príncipe”, del maestro de maestros Maquiavelo.

¿Que mostró al mundo en esta encarnizada batalla política nacional e internacional el tocayo de Maquiavelo, Nicolás Maduro?

 Varias cosas. Casi todas sabidas. Pero también casi todas “tapadas”, reemplazadas u olvidadas:

La primera. Que la afirmación de Marx de que la historia la escriben las masas populares en lucha sigue siendo una verdad de a puño.

Segunda, también afirmación de Marx, de que cuando esas masas se apropian de una consigna que represente sus intereses profundos, esta consigna se vuelve en la práctica, una fuerza material invencible.

Tercera, les enseñó a los “marxistas rosa”, especialmente “latinoamericanistas y colombianistas” que, la lucha antimperialista y anti oligárquica no es algo pasado de moda fácilmente remplazable con palabrería de su jerga post moderna. Que el Imperialismo como decía el inolvidable Jaime Garzón “está ahí”. No es un cuento para espantar niños crédulos a la hora de llevarlos a dormir, sino que es una categoría de análisis marxista hecha realidad concreta que en su terrible etapa terminal de la crisis civilizatoria en la que nos encontramos se ha convertido, como dijo acertadamente Delcy, en un insaciable “monstruo cruel y bárbaro”.

Que la oligarquía, por más afeites, mimetismos, y embellecimientos que se le hagan, no es una “elite o minoría de los más pudientes y privilegiados”, sino que es una palabra de profundo arraigo popular antigua y nueva a la vez, cuya esencia es un contenido insuperable de clase dominante, explotadora y violenta, ligada desde la muerte del Libertador Simón Bolívar al Imperialismo anglo sajón. En breve, que es una oligarquía Cipaya y Lacaya, no solo patrimonio “nacional” de Colombia, sino que también se ha mostrado en toda su plenitud en la Venezuela actual, así como también en todos los aliados de todas esas “banana republics” que se han sumado a la guerra hibrida contra el Pueblo venezolano.

¿Cuáles son las grandes diferencias político-económicas entre Peña Nieto, Juan Manuel Santos, Macri, Temer, Almagro, etc, en su obediencia al dictado de Trump y Teresa May?

Cuarta y tal vez la más importante: Que no solo ha puesto en primer orden del día para los marxistas revolucionarios (como se llamaba Lenin) de toda Nuestramérica, el asunto de la Asamblea Constituyente como final de un Proceso Constituyente Revolucionario de lucha abierto, masivo y participativo, sino que ha mostrado a todo el mundo la posibilidad real de su realización incluso en medio de una violencia imperialista intimidatoria extrema.

Y que esta posibilidad es la que ha aterrorizado (literalmente) al Imperialismo con todos sus Cipayos y Lacayos y, es la que a su vez está generando la reacción desmesurada, airada y enconada por ejemplo de uno de los más connotados serviles como Juan Manuel Santos, quien a pesar de la ayudita financiera de Odebrecht  fuera elegido en el 2014 con un 53% de abstención electoral y en el colmo de su característico cinismo tilda de ILEGÍTIMA a la Constituyente venezolana que obtuvo el 41% del padrón electoral.

Y además, puede ufanarse en el diario de su familia El Tiempo de Bogotá 06.08.2017 de que le entregará a “su sucesor” una Colombia sin Farc y claro, sin Constituyente, para que realice las reformas graduales que aún queden pendientes: La apertura de todo un ciclo reformista tan esperado por los mecanicistas y electoreros de izquierda de siempre; rematado con este broche. “No hay santismo”. A lo cual le agrego yo lo que NO le dijo explícitamente al entrevistador, pero está latente en toda la entrevista: Solo unos cuantos incautos inexpertos e ingenuos (?) que me han creído y aún me creen mis dobleces y falsedades.

Por Ultimo, la gambeta de Maduro y el Bolivarismo venezolano de la Constituyente popular, ha propinado un duro golpe al paramilitarismo fascista de las Guarimbas de Capriles y demás dirigentes del MUD, apoyadas desde hace varios años por Uribe Vélez y J M Santos con infiltraciones físicas de pequeños grupos de paramilitares colombianos, sobre todo en los estados fronterizos del Zulia, Táchira, la Guajira y Arauca, y quienes en todos estos largos días de violencia y candela fascista contra el Chavismo y el Bolivarismo venezolanos han hecho su aparición y han demostrado sus habilidades de combate callejero, coordinación y comando central. Su derrota es evidente e innegable: a pesar de todos los inmensos medios financieros nacionales, trasnacionales e internacionales, de todas las tácticas (como digo al principio) de la guerra de 4° generación empleadas y de más de dos meses de violencia y candela fascista en las calles de las ciudades venezolanas, no pudieron cumplir su objetivo central que era como en Ucrania y demás revoluciones naranja patrocinadas por la CIA, derrocar a Maduro y hacerse con todo el Poder del Estado.   

 Y en Colombia: No ha sido un azar que poco después de realizada la Constituyente Bolivariana, apareciera una encuesta con las mismas sandeces de siempre. Pero OJO hay un dato trascendental que se introdujo por la firma encuestadora. Un dato real largamente ocultado a los colombianos: “Uribe Vélez muestra finalmente cifras desfavorables en su imagen que por primera vez (?) superan el benéfico y famoso efecto teflón inventado por la revista Semana”. Esto, sin más perendengues, quiere decir que el PODER mediático colombiano ha abandonado a Uribe Vélez y empieza a montar la matrix de su desfavoravilidad.

Y esto, presagia o augura la derrota próxima de su Poder político militar fáctico. Con esto, concluyo volviendo al título del presente artículo: A la derrota del paramilitarismo de Capriles en Venezuela, sigue la de Uribe Vélez en Colombia.

 

Por Alberto Pinzón Sánchez
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