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Más de 1.000 loros en peligro de extinción nacen al año en Loro Parque

 

 

Más de 1.000 crías de ejemplares de loros en peligro de extinción nacen cada año a cargo de la Fundación Loro Parque en la mayor estación de cría del mundo, en Puerto de la Cruz en la isla canaria de Tenerife.

El director científico de Loro Parque Fundación, Rafael Zamora, ha explicado a Efe que esta entidad trabaja desde 1994 en distintos proyectos de protección y durante estos más de 23 años, ha conseguido salvar nueve especies que estaban al borde de la extinción.

Entre ellas el guacamayo barbazul, endémico de las llanuras del Beni en Bolivia, y que había desaparecido porque las comunidades locales los capturaban y mataban para confeccionar tocados con sus plumas.

Zamora cuenta que este caso es “muy interesante” porque cada guacamayo que mataban servía para una pluma larga, por lo que se vieron obligados a buscar alternativas que no implicasen la desaparición de esta especie.

 

Ejemplar de loro con cuernos (Eunymphicus uvaeensis) en la Fundación Loro Parque. EFE/Cristóbal García

Ejemplar de loro con cuernos (Eunymphicus uvaeensis) en la Fundación Loro Parque. EFE/Cristóbal García

 

“La alternativa ha sido enseñarles mediante talleres a realizar tocados con plumas artificiales que se elaboran con telas, materiales naturales y algunos tipos de madera que lucen tan bien como los otros y que han permitido que miles de guacamayos de diferentes especies de la naturaleza boliviana se hayan visto beneficiados“, explica Rafael Zamora.

Tras esta medida, asegura Zamora, se ha logrado que las comunidades indígenas utilicen estos tocados artificiales y, junto con otras acciones “de campo”, como la realización de censos, se ha pasado de 50 guacamayos barbazul a entre 250 y 350, aunque todavía continúa en peligro crítico.

Loro orejiamarillo

Otro de los “éxitos”, apunta el director científico, es el logrado en Colombia con el loro orejiamarillo en el que han invertido 1.500.000 dólares  (1.269.796 euros) y que ha pasado de 82 ejemplares en 1998 a casi 4.000 en la actualidad, con una expectativa “exponencial” de crecimiento cada año.

Con este ejemplar, aclara Zamora, también han tenido que modificar ciertas tradiciones locales que lo amenazaban, ya que el Domingo de Ramos en Semana Santa la población local destruía y arrancaba las hojas de una palmera a la que el orejiamarillo estaba muy vinculado.

Para lograr que la población local utilice ramas alternativas y se implique en la conservación de esta especie, la Loro Parque Fundación tuvo que hablar con el Vaticano y pedir que intercediese con las iglesias locales y concienciase a la población local para poder así repoblar y plantar esta palmera y conseguir que el orejiamarillo vuele de nuevo en Colombia.

 

Rafael Zamora, director de la Fundación Loro Parque, durante su entrevista con EFE. EFE/Cristóbal García

Rafael Zamora, director de la Fundación Loro Parque, durante su entrevista con EFE. EFE/Cristóbal García

 

Guacamayo lear

La Loro Parque Fundación también colabora con gobiernos y ONGs locales que facilitan el trabajo sobre el terreno, como el caso del guacamayo lear, que en 2006 llegó a Tenerife de la mano del Gobierno de Brasil tras ser confiscados cuatro ejemplares y cuya reproducción en el país de origen era casi imposible.

En la estación de cría del Loro Parque, durante los primeros seis meses de estancia, este guacamayo ya había conseguido poner un huevo y, actualmente, hay en el Loro Parque 32 ejemplares a los que esta semana se le sumará una nueva cría.

“Ya se han enviado nueve ejemplares a Brasil para que continúe el programa de cría y la Fundación está muy activa en la participación de los planes nacionales”, asegura Rafael Zamora.

Tras más de 460.000 dólares (389.449 euros) de inversión, el guacamayo lear ha pasado de apenas unos 200 ejemplares a tener una población de casi 1.200.

El seguimiento y recuperación de esta especie ha permitido también conservar su hábitat, en la región de la Caatinga, que en el idioma tupí, el lenguaje indígena de esa zona, significa “Bosque Blanco” donde el sol es tan fuerte que quema las puntas de los árboles y obliga a estos guacamayos a criar en rocas y no en árboles.

Con la población local, señala Zamora, la estrategia es abonar a los agricultores los daños posibles por aumento de la población de guacamayos para que no sean aniquilados, puesto que el conflicto con la sociedad es importante, aunque han comprobado que no les perjudica tanto al maíz y se han visto recompensados e implicados en la conservación del guacamayo.

 

Un polluelo de Trichoglossus jonhstoniane. EFE/Cristóbal García

Un polluelo de Trichoglossus jonhstoniane. EFE/Cristóbal García

 

Cacatúa filipina

Zamora destaca el caso de la cacatúa filipina, a la que han salvado de la extinción gracias, en parte, a la labor de Indira Lacerna-Widmann, la representante local de la Fundación y que, junto con otra fundación llamada Katala, ha logrado un “éxito sin precedentes” gracias a la educación y la colaboración gubernamental.

La labor de Lacerna-Widmann y las fundaciones es “muy dura”, apunta Zamora, debido a que los ecosistemas insulares, como el de Filipinas, son muy “complejos”, porque se trata de islas muy “chiquititas” donde a veces solo queda una pareja.

Con más de 1.500.000 dólares (1.269.796 euros) invertidos en este programa, la estación de cría del Puerto de la Cruz es el lugar de Europa donde más se reproduce esta cacatúa, una acción combinada “ex situ” e “in situ”, recalca Zamora.

 

Con información de agencias
www.radiomacondo.fm