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CANTAORAS DEL BAJÍO: BELLANITAS QUE DEFIENDEN LA TRADICIÓN

Desde hace algunos años en Bello, Antioquia, retumban tambores caribeños al son de ritmos de cumbia y fandango. Voces femeninas y masculinas que se asemejan a las de los más ardientes negreros que habitaron los cielos en los que ayer y hoy palpitan pueblos morenos al canto de bombo, maracón y alegre.

En una ciudad que empieza a tornarse gris, jóvenes principalmente, de todas las estéticas, edades y tamaños, se han estado convocando para levantar las banderas de la tradición musical del Caribe a partir de la interpretación del ‘baile cantao’.

En espacios públicos, espacios verdes, terrazas, acciones comunales, casas de amigos, acopios culturales y demás escenarios y NO tan escenarios, muchachas y muchachos, ‘engomados’ por tocar el tambor alegre o el bombo, han empezado a generar importantes proyectos artísticos del más alto nivel que están generando valiosos aportes al folclore colombiano.

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Uno de estos proyectos se llama ‘Cantaoras del Bajío’, un colectivo musical independiente que no solo ha venido mostrando su labor como agrupación musical, sino como proceso integral dentro de la práctica artística. Su serio compromiso con el ser y el hacer de la ‘Escuela Popular’, les ha venido instalando como un referente cultural muy valioso para que otros procesos se enriquezcan de esta experiencia.

Adicional al hacer musical, los miembros de esta agrupación han desempeñado un activo papel en procesos comunitarios y sociales de base, orientados a la defensa de los Derechos Humanos, la resignificación del espacio público, la movilización social, la educación popular, formación, gestión y difusión de expresiones artísticas.
Didier Rúa, maestro ‘folclorólogo’, formador y director musical de las ‘Cantaoras del Bajío’, cuenta que estas propuestas artísticas son producto de “la necesidad de reconocer nuestras tradiciones caribeñas; además de que permiten que los jóvenes reconozcan y disfruten de nuestra música colombiana, encaminándolos a una vida de actividades sanas y provechosas”.

Para Alexandra, estudiante de trabajo social y cantaora en formación esta experiencia le “ha significado un encuentro con el folclor de la costa, una forma arrebatada, visceral, pero con mucho sabor de decir las cosas cotidianas, reconocer en esas músicas una cultura diferente, pero de nuestro mismo país”.
“Cantaoras del bajío es un proyecto de muchas expectativas, pienso y siento que mi responsabilidad es muy grande y quiero asumirla con el corazón, con el amor que le tengo a lo que hago con mi voz y mi cuerpo”, dice Isabel Guerra Narváez, docente y cantaora tradicional.

La poetisa Bellanita Berenice Pineda, al preguntársele por las ‘Cantaoras del Bajío’, nos relata que es muy “importante una juntura de experiencias como la de un maestro como Didier Rúa, con las jóvenes chicas, porque esto es otra manera de transmisión del conocimiento ancestral, para crear memoria, no sólo artística, sino memoria identitaria de país”, complementa diciendo que “no importa tanto el talento, importa la apuesta, aunque hay que reconocer los distintos talentos y la integración intergeneracional”.

Hay algo claro: en el Municipio de Bello, Antioquia, durante los últimos años se ha despertado una pequeña -pero persistente- oleada de jóvenes que, en el folclore y los sonidos tradicionales colombianos, han encontrado una forma de vida que resiste desde lo ideológico, pasando por lo simbólico, a una ciudad difícil, con muy poco sentido de pertenencia y de vicios históricos insanos como la politiquería en los gobiernos y la alta criminalidad en las calles. Juventudes que encuentran en las artes una posibilidad de liberación, de sustento, pero sobretodo de libre expresión.

 

Por: Cristian C. Bedoya Gómez – Agencia de comunicación alternativa CONTEMOS PUEBLO
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