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La pesca con dinamita y las drogas amenazan a los gitanos del mar en Birmania

AFP / Ye Aung Thu

AFP / Ye Aung Thu

 

 

En las aguas turquesa del sur de Birmania, los “gitanos del mar” siguen pescando con arpones e inmersión en apnea, como hacían sus ancestros, aunque ahora no hay más que un cementerio de corales con cada vez menos peces.

La tribu marítima nómada de los moken practica esta espectacular técnica de pesca desde hace cientos de años en alrededor de las 800 islas del archipiélago de Mergui, en la frontera entre Birmania y Tailandia.

El mar siempre fue su medio y su forma de subsistencia: los peces y los crustáceos para alimentarse, y las perlas para revenderlas a cambio de combustible y arroz.

“Cuando éramos jóvenes, un padre podía mantener fácilmente a su familia”, recuerda Kar Shar, uno de los líderes moken de la localidad de Makyone Galet, en una de las islas del archipiélago.

Pero poco a poco su modo de vida se fue derrumbando con la aparición de la pesca intensiva, a partir del uso de dinamita o de barcos de arrastre, que causan estragos.

Pobres, apátridas y con un acceso restringido al mercado laboral, los jóvenes moken empezaron a trabajar para las empresas de pesca en los años 90. Y siguieron haciéndolo tras volverse sedentarios, obligados por la antigua junta de esas islas.

Su capacidad para sumergirse en apnea a decenas de metros de profundidad es usada en la actualidad para la pesca con explosivos o para desenterrar los pepinos de mar, exportados a la vecina China.

 

Varios barcos de la tribu marítima nómada de los moken, en las aguas del archipiélago de Mergui (Birmania), el 8 de mayo de 2017 AFP / Ye Aung Thu

Varios barcos de la tribu marítima nómada de los moken, en las aguas del archipiélago de Mergui (Birmania), el 8 de mayo de 2017 AFP / Ye Aung Thu

– Sin otras opciones –

“La pesca con dinamita es algo corriente”, explica Jacques Ivanoff, etnólogo del Museo del Hombre de París, que pasó varios años estudiando los moken. “Algunos de ellos, abandonados y sin un verdadero salario, no tienen realmente elección en la actualidad para ganarse la vida”, añade.

Es un trabajo arriesgado e ilegal. Los pescadores se sitúan frente a las islas alejadas y desérticas, donde es menos probable que sean vistos. Ahí, los buceadores buscan los mejores lugares para hacer explotar la dinamita.

Hay quienes usan tubos de plástico conectados a compresores de aire, pero muchos se sumergen sin equipo. Y una gran cantidad están ahora lisiados o no pueden caminar, como consecuencia de los descensos o subidas a la superficie sin respetar las pausas de descompresión.

Otros, incluso, no regresaron nunca a la superficie.

Sin embargo, sigue habiendo muchos que aceptan la inmersión, pues un buceador puede ganar de media más de 100 dólares en una noche, mientras que el salario diario en las islas es de unos 3 dólares.

Para soportar el estrés, cada vez más buceadores caen en las drogas.

– Población en descenso –

Win Myat era apenas un adolescente cuando su tío murió de sobredosis. Era adicto a las pastillas de metanfetamina, conocidas como “yaba”, que le ayudaban a aguantar las largas noches.

“Gastaba todo su dinero en droga”, explicó el joven, de 20 años.

“Al final estaba muy débil y se ponía muy nervioso cuando no podía conseguir sus pastillas. Creó muchos problemas en la familia”, narró Win Myat, que pidió que no se usara su nombre real.

La adicción al yaba, al opio o a la heroína, drogas producidas en grandes cantidades en el sur del país, son frecuentes en esta zona.

Con información de agencias
www.radiomacondo.fm