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Colombia en condicional perfecto

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El futuro del proceso de paz en Colombia está condicionado por la evolución y confluencia (positiva o negativa) de cinco vectores reales del movimiento de la sociedad: Cuatro de ellos internos 1- La reactivación del narco paramilitarismo con su secuela de fusilamientos. 2- La implementación de los Acuerdos de la Habana entre el Estado colombiano y las Farc-EP.  3- El resultado de las elecciones presidenciales del 2018.  4- El resultado del llamado proceso de paz con la guerrilla del ELN.

Y uno externo, geoestratégico y decisivo, el resultado de cómo se solucione la intensa lucha de clases que se está librando en Venezuela.

Vemos uno a uno lo enumerado:

 1-La reactivación del narco paramilitarismo y la secuela de fusilamientos de líderes sociales que durante 2016 dejó la alarmante cifra de 80 dirigentes sociales y populares asesinados y en lo que va corrido de este año (hasta fines de abril2017) ya lleva la repudiable cifra de 41 de ellos, y lo más grave, que ha pasado a atacar a miembros de las Farc-EP desarmados y a sus familiares, contado con el silencio y la desidia cómplice del gobierno de Santos, su vicepresidente un exmilitar de carrera y, del obeso y bien comido ministro de defensa quien como el avestruz se ha limitado a negar lo sucedido.

Es probable que no sea como en la fase anterior una política de gobierno, es probable, pero, como nos lo dijo en 1991, en su despacho el dr Rafael Pardo, ministro de defensa de Cesar Gaviria; “siempre, como en las buenas corridas de toros, hay algún espontáneo”.

Considero que ha sido un error grave de apreciación haber confundido Paramilitarismo con Contrainsurgencia.

El muy bien sustentado concepto científico sociológico de “Bloque de Bloque de Poder Contrainsurgente” (BPCi), elaborado y explicado por la investigadora Vilma Liliana Franco en su excelente libro publicado en 2009, “Orden Contrainsurgente y Dominación”, en la página 223 y ss, nos dice que (como todo fenómeno social tiene materia e idea) es una estructura material, que cuenta con una supra estructura (ideo-política y religiosa) y está conformado por  11 ruedas dentadas finamente engranadas: las cuales me voy a permitir recordar sumariamente, porque a pesar de (OJO) no haber sido desmontado y continuar existiendo como realidad real, si en cambio han sido olvidadas o, quizás, veladas o no se ha tenido en cuenta su peso como Totalidad contradictoria, a la hora de decidir el rumbo de la sociedad colombiana:

  1. El gobierno de los EEUU que cuenta con 9 bases militares en territorio colombiano, donde operan militares estadounidenses. Además de mercenarios privados de las corporaciones como Dynacorp, Aerospace, North Grumman, y con la colaboración en terreno de sus aliados militares los gobiernos de Gran Bretaña e Israel.
  2. La Fuerza Pública de Colombia que consume el 5,5% del PIB del país.
  3. Los grupos narco paramilitares que por su accionar proteiforme, aparecen y desaparecen y por lo tanto, reciben diferente nombre de ocasión.
  4. Los exclusivos grupos económicos, bien conocidos por el vulgo como “cacaos”
  5. Los innumerables “gremios” económicos colombianos.
  6. Las compañías multinacionales que tienen grandes inversiones en Colombia como por ejemplo Chiquita, Drummonds, Repsol, Monsanto, Coca-Cola, Muriel Mining, que han protegido sus inversiones pagando a estos grupos narco paramilitares.
  7. La llamada economía subterránea especialmente los lavadores de dólares provenientes del narcotráfico
  8. El oligopolio mediatico.
  9. Los miembros de la rama legislativa del Estado, conocidos también popularmente como Para-Políticos.
  10. Las densas y complejas redes locales de poder económico-político, administrativo y en algunos casos religioso.
  11. Las clases subalternas cooptadas del nivel local, especialmente desempleados, vagos y lumpenes, definidos en los manuales de la contrainsurgencia como “fuerza natural antisubversiva”

2- Sobre la implementación de los Acuerdos de la Habana, hasta el momento se han expresado en la sociedad colombiana tres concepciones: dos en el Bloque de Poder Contrainsurgente dominante, y una en el bloque popular enfrentado

La clase dominante y hegemónica en Colombia (y que el vulgo, desde hace más de cien años cuando se vendió la provincia de Panamá denominó “oligarquía vendepatria”) a raíz de la firma del Acuerdo de la Habana y su paso a la siguiente fase de implementación de lo acordado en el papel, ha expresado abiertamente dos concepciones que se disputan y rivalizan entre sí.

Una, la de la fracción de clase representada por Uribe Vélez, quien prácticamente desea convertir el libro de los Acuerdos de la Habana en papel higiénico.

Otra, un poco menos brutal o mejor, más higiénica y decente, o diplomática que dirige el actual gobierno; empeñada en llevar hasta el final su compromiso adquirido con la Totalidad del Bloque de Poder dominante, especialmente con el gobierno de los EEUU; de “desarmar y encerrar las guerrillas insurgentes por la vía del dialogo”, prometiendo algunas reformas “posibles”, pero sin alterar en lo fundamental la dominación de clase, ni mucho menos la orientación neoliberal de su rumbo económico actual.

Y que, frente a la actual fase de implementación de los Acuerdos de la Habana parece tener una estrategia calculada de “dar de largas al asunto” y llevar la situación de indefinición sin mayores sobresaltos hasta la próxima elección presidencial para que, “sea el pueblo colombiano a través de las elecciones, quien decida el asunto de la implementación de lo acordado”.

Es lo que estamos viendo con el jueguito (en jerga colombiana la mamadera de gallo) de los retrasos y avances en las Zonas Veredales y el aislamiento o cerco militar que lentamente se ha ido completando. En la liberación “gota a gota”, supervisada por la Fiscalía y los Jueces correspondientes de los presos políticos y los amnistiados. En la revisión constitucional y el complejo sistema de plazos de los decretos y leyes emitidos para la implementación de los acuerdos. En la vista gorda frente a la reactivación del fenómeno narco paramilitar y el gota a gota del exterminio social. En el “va y ven” de cuales militares se acogerán a la Justicia Transicional y al sistema de Verdad. En el nombramiento de un militar en el centro de memoria histórica.

En las complejas negociaciones entre el presidente Santos y el fiscal Martínez sobre el escandaloso asunto de la corrupción de Odebrecht, ect, ect, y en fin……

Y una tercera concepción que cada día gana más claridad dentro del bloque popular, de empujar con todas sus fuerzas y voluntades la implementación de los Acuerdos de la Habana, porque ven en ellos una posibilidad real de detener unificadamente la “Guerra Contrainsurgente de Larga Duración”, desarrollada en Colombia contra el bloque popular por el Bloque de Poder Contrainsurgente, la que se ha decidido llamar con el inofensivo y pausterizado nombre de “conflicto interno colombiano”.

3- Con respecto a las próximas elecciones presidenciales colombianas en 2018, sobre lo que se ha especulado, profetizado y elucubrado “ad nauseam”, lo único que me atrevo a asegurar y que no es ningún augurio, es que el próximo presidente de Colombia no será una persona representante del bloque popular, sino todo lo contrario, saldrá de su contrario dialectico.

4- Con respecto al llamado proceso de paz con el ELN, los hechos que vemos, así como el corto tiempo que queda de un año, muestran las dificultades reales que existen o habrá que sortear para lograr un final rosa en este otro intento.

Y por último, sobre el asunto geoestratégico decisivo de la situación en Venezuela, que aunque no se quiera repercutirá en Colombia, muestra que está en marcha un Plan Mayor para conducir al pueblo venezolano hacia un escenario de violencia exacerbada que permita a los EEUU (a través de la OEA o de  sus gobiernos títeres neoliberales) organizar una “intervención humanitaria” que como dijo Álvaro Uribe “remueva” al gobierno del presidente Maduro,  y que muy, pero muy probablemente, también aunque no se quiera, llevará a una respuesta defensiva de los Bolivarianos venezolanos.

La confluencia de estos 5 vectores sociales, marcarán la conjugación de la sociedad colombiana, en futuro condicional perfecto. Habrá algunos crédulos que me responderán que todo marcha a las mil maravillas. Ellos tendrán la respuesta por si solos, cuando se elija el próximo presidente de Colombia en el 2018 y, confluyan finalmente todos los 5 vectores que he enumerado.

 
Por Alberto Pinzón Sánchez
www.radiomacondo.fm