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Carta abierta desde Cacarica a congresistas sobre JEP

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La cárcel nos distancia de la verdad, de lo que es importante saber más que para juzgar, para reconstruir la relación de todos, e identificar a aquellos que se ocultan detrás del proceso judicial y crean chivos expiatorios, o simplemente para poder horrorizarnos juntos para evitar repetir la historia de destrucción. Para algunos eso es impunidad porque no hay cárcel. Para nosotros es ética.

Zona Humanitaria, Cacarica 27 de febrero de 2017

Carta abierta a políticos, empresarios, religiosos, ambientalistas, periodistas, militares y exmilitares, policías y expolicías, a estudiantes y trabajadores, a las FARC EP en transición, al ELN, al EPL, periodistas.

Hace 20 años fuimos penetrados por la violencia aterradora en el cuerpo, el alma, la mente, bajo el nombre bíblico de la creación, la llamada Operación Génesis y la Operación Cacarica. Unos monstruos de hierros sobrevolaron sobre nuestro territorio, como hormigas desembarcaron hombres del aire, otros por agua ocuparon paso a paso las comunidades- Así nos sentimos invadidos, rodeados, sometidos como en aquella esclavitud milenaria. Nos obligaron a abandonar el territorio, nos dijeron a donde ir, otros despavoridos huyeron a Panamá y otros sobreaguaron al embate, unos pocos dentro del territorio.

Desde ese 24 de febrero hace 20 años, revivimos de una nueva manera el desarraigo de miles de años, el de África a América; revivimos con los mestizos, con quienes hoy nos llamamos por nuestra coexistencia afromestizos la experiencia de los seres sin tierra, de humanos sin posibilidad de habitar un terruño, y todo porque nos miraron como guerrilleros, como aquellos seres humanos que era necesario extirpar. Y en aquellos días, no había de ellos, ni estaban, pero estaba marcado nuestro destino, por presupuestos militares y doctrinales del enemigo interno, porque éramos vistos como sujetos sin derecho, ni siquiera a ser concebidos como ciudadanos; pero también porque detrás de esa guerra militar se ocultan, sin el querer de muchos guerreros, los intereses económicos de unos pocos.

En estos 20 años, dos nuevos desplazamientos forzados, más de 10 torturados, más de 87 asesinados y desaparecidos forzados, casos en el 99 por ciento en la impunidad, y solo uno de ellos sentenciado. Y de qué sirve una sentencia penal, un ser humano en la cárcel, de poco, de distancia, de equívocos y de rencores, de silencios malsanos, de alimentación de animadversiones y fragmentos, en que la verdad se pierde, y con ella la posibilidad de encontrarnos como humanos y de dar un nuevo sentido a la justicia en la restauración de la dignidad de los perpetrados y de los perpetradores.

Hoy estos 20 años los hemos conmemorado con un Festival de la Memoria, hemos celebrado la Vida, hemos ratificado nuestro amor a la vida, y en la memoria como nos hemos ido dignificando y dignificando el sentido de la auténtica paz. Hemos bailado en la chrimía, hemos rapeado, hemos leído poesía, en el teatro hablamos de la Vida de Marino López e hicimos una placa en su memoria. Hemos cantado en Colores de Esperanza con Diego Torres exorcizando los miedos. “saber que se puede, querer que se pueda. Quitarse los miedos sacarlos afuera. Pintarse la cara color de esperanza. Tentar al futuro con el corazón”. Dejar a un lado el miedo a la verdad.

La cárcel nos distancia de la verdad, de lo que es importante saber más que para juzgar, para reconstruir la relación de todos, e identificar a aquellos que se ocultan detrás del proceso judicial y crean chivos expiatorios, o simplemente para poder horrorizarnos juntos para evitar repetir la historia de destrucción. Para algunos eso es impunidad porque no hay cárcel. Para nosotros es ética. La base del derecho, de la política, de la economía es la ética, y ella supone el bien común, el buen existir. Eso es posible sobre la búsqueda de un sistema armónico, donde todos quepamos, donde nadie sea excluido y en la verdad damos resignificación a la justicia integral.
En la verdad nos comprendemos como seres humanos, de alguna manera relacionados como humanidad con los perpetradores, reconociendo nuestras fragilidades y potencialidades, asumiendo que los perpetradores son parte de esta humanidad.

Desde hace 16 años planteamos luego de una semana de escucharnos con sobrevivientes del terror de Estado y de la violencia política de Argentina, Chile, Guatemala, El Salvador, España, Estados Unidos, Sudáfrica, el derecho restaurador. Hablamos de un no rotundo a la cárcel, porque la cárcel nos distancia de la posibilidad de vernos como seres humanos y al vernos como tales, de encontrarnos cara a cara.

Y al escuchar la verdad, el por qué se nos desplazó, por qué se nos sacó a Turbo, dónde planificaron y por qué lo hicieron con formas ilegales, pero sobre todo, quiénes estaban detrás, quiénes se benefician, poder dimensionar la posibilidad de lo nuevo, escuchar es es más importante que la cárcel. Desde hace 16 años, eso lo planteamos, y ya somos 85 comunidades locales, somos 151 comunidades que formamos parte de la Red Comunidades Construyendo Paz en los Territorios, CONPAZ.

Cuando escribimos esta carta, más de 250 de nosotros hoy CONPAZ, que participamos en este Festival de la Memoria en la dignidad en Cacarica ritualizando lo nuevo, confirmamos que estamos en ese mismo propósito, víctimas de desapariciones, de ejecuciones extrajudiciales, de despojo, de tortura, de acceso carnales violentos, en fin. Ritualizamos la muerte violenta en sus múltiples formas para dar un Sí a la vida digna, al buen existir como condiciones de equidad pero en una apuesta, que comprende nuestro proyecto del buen existir, que es la relación respetuosa y de reconocimiento de mujeres y hombres; comunidad y seres sintientes y vivientes; comunidad y sociedad en apuesta de felicidad, felicidad en un nuevo Estado incluyente, respetuoso de las diferencias y tejido en el amor a la justicia
Volviendo a hace 16 años al Encuentro Internacional sobre la Verdad y la Justicia, aquí en Cacarica, en la Zona Humanitaria de Nueva Vida, de concluir creando la Comisión Ética de Verdad, y de diseñar propuestas para crear otra forma de relacionarnos con los responsables de la violencia contra nuestra humanidad y toda la humanidad, fuimos dando un nuevo sentido a la justicia. Un sentido nuevo de justicia nació en nosotros, un sí a la Vida que nace de vernos como seres humanos. Un sí a la vida a partir de vernos para romper las falsas lealtades a doctrinas que niegan la libertad del alma, que la imposibilitan, y bajo las cuales se mata con hambre, con balas, con mentiras a nombre de la democracia o de una nueva democracia, de dios y de la propiedad.

Así, empezamos a visualizar la posibilidad de vernos antes que en juicio penal, en un cara a cara como seres humanos, para que el vernos, más allá de las lógicas de la guerra, dimensionemos lo acontecido, para dar un salto a lo nuevo. Claro, para sacar a la luz lo encubierto, lo que la cárcel silencia, lo que un juicio desconoce y alentar las nuevas formas de sanción restauradora para que se construyan y se experimenten en los territorios.

Desde el 2000 antes del proceso de La Habana y mucho antes del proceso de Quito, más de 85 comunidades en Cacarica, planteamos ese derecho restaurador, la Constancia Histórica y la Censura Ética para ir buscando el encuentro cara a cara con los ejecutores, los planificadores y los beneficiarios. Concluimos que el propósito era que a partir de la verdad construida, reconstruir nuestras relaciones destruidas por la violencia, reconstruir una sociedad y un Estado desmoronado moralmente, en amplios sectores de las instituciones.

Nuestra propuesta de derecho basada en la ética parte de reconocer que más que la impunidad penal y su consecuencia en la cárcel, lo más grave es la impunidad social el resorte de nuestra conciencia en que racional y doctrinalmente en dinámicas armadas y desarmadas, se justifica la aniquilación del otro, y el aplauso social legitimador, en la familia, las iglesias, los medios de información. Por eso, desde 1999 hemos planteado la importancia de acceder a una radio y televisión comunitarias, a enlazar las frecuencias de FM y un Canal Privado con la propuesta de la Universidad de Paz, las Casas de Memoria y la declaración de Patrimonio Nacional nuestros monumentos y ritualizaciones de la memoria como días históricos.

Hoy 20 años después, se sostiene falsamente que el acuerdo de justicia es construido por las FARC EP, a su medida. Nosotros aportamos a lo Acordado en el punto 5, antes del viaje a La Habana de 60 víctimas y semana antes que se iniciara la discusión sobre los derechos de las víctimas. Recordamos que más de 670 personas víctimas de todas las partes del conflicto, en el Centro de Memoria frente al general Colón y frente a uno de los asesores de La Habana, expresamos la propuesta del derecho restaurador. Así que el Acuerdo nos representa, más no el deseo inconfesable con la sustracción nocturna del artículo 28 del Estatuto de Roma en noviembre de 2016, o la sustracción de los expresidentes en septiembre de 2015, decisiones que hieden a falsos privilegios que quieren negar el deber de la memoria y el derecho a la verdad, y quieren evitar construir un nuevo país, en el que todos nos reconozcamos, pero más allá de eso y con eso, aquí seguimos invitándonos a la verdad y a la restauración.

Hoy vemos como aquel deseo que corre por nuestras venas en lo nuevo, en ese derecho restaurador quiere deshacerse en manos de algunos de los que legislan, que desconocen este dolor humano. Ellos montados en el ideologismo siguen viendo al país de enemigos, siguen viendo como guerreros, porque pareciera que es lo único que les da seguridad y certeza.

Somos unas víctimas de los millones en 70 años del fratricidio más reciente, hay silencios, hay omisiones, y decisiones que generaron profundo dolor y destrucción, hoy estamos en la posibilidad de honrar el sentido de la palabra democracia en la verdad y un nuevo sentido de la justicia, en que sea posible romper este orden inocuo, injusto e inhumano.

Invitamos nuevamente a todos en estos días, a quienes en Bogotá, toman decisiones por este país rural, a una sintonía mayor en la verdad, a la generosidad en el reconocimiento de lo que hemos tejido en este país, en la importancia de acercarnos a escucharnos mutuamente, de percibir en el movimiento del cuerpo lo que hemos ocultado o negado para justificar el daño a los demás en la guerra militar, política y económica.

Detrás de la guerra, muchos se han beneficiado con diversos ejercicios de poder, protegiendo o acumulando la riqueza; ejerciendo un poder para su propio bienestar, y otros han pretendido sobrevivir convirtiendo en un empleo la técnica de matar; unos pagan años en prisión guardándose para sí, la verdad, asumiendo con orgullo lo que hicieron, o culpabilizando a terceros de su destino carcelario, cuando no han logrado burlar, eso que se llama justicia penal carcelaria; y protegiendo con su silencio a otros con los que compartieron un proyecto de país, pero que se escudan bajo mantos civiles y posan como hombres de la buena moral y del progreso. Y también sabemos de hombres y de mujeres, militares que por su honor como guerreros quieren aportar a la verdad, porque quienes les ordenaron están impolutos cuando tanta sangre es su responsabilidad, pero no lo queremos saber, ni ellos lo quieren decir para la venganza, es para que al vernos sin la lógica de las armas, empecemos a sembrar y proteger las semillas del espacio al país de la verdad.

Señores de sectores de políticos, de ex militares, de empresarios, de jueces o fiscales que hacen y deshacen reparos ante el punto 5, y la JEP, es poco cierto, lo que se afirma, este Acuerdo del punto 5 nace de muchas sensibilidades hacia lo nuevo. De mucho años atrás, nosotros los que supuestamente estamos en el centro del Acuerdo, pero negados en la palabra y la intervención en el parlamento en la discusión de la JEP, igual que hace 20 años, y que hace 16 años y que hace 5 en el Centro de Memoria, estamos con la recreación del derecho en la libertad de la verdad y la restauración, ojalá hoy nos escuchen. En estos días decisivos cantamos con Bomba Estéro, en esa memoria viviente de la bella vida: “amanecer volver a renacer y apareció to lo que Dios te dio. Agradecer y después aprender qué es lo que soy y para dónde voy”. Y nosotros somos renacientes, soy génesis y somos génesis, y les invitamos a que ustedes sean parte de lo nuevo, y “yo de la vida todavía estoy aprendiendo mejor caminar antes que salir corriendo”, caminando en el nuevo país, donde todos quepamos en dignidad, en nuestra diferencias.

Hoy somos #Génesis, invitamos a los perpetradores, a los planificadores y a los beneficiarios de la violencia a buscar la libertad de la cárcel, permitiendo la liberación del alma, y a los que están “libres” a desatar su auténtica libertad en la verdad.

Nosotros estamos lejos de la venganza, estamos lejos de que mueran en una cárcel, estamos lejos de pretender que todos vayan a la cárcel. Estamos cerca de ustedes, para vernos, para encontrarnos como parte de este hilo de humanidad en un territorio llamado Colombia, en el que somos hijos de la misma madre tierra e hijos de la misma patria, para que enunciemos la verdad y la reconozcamos. Solo esa verdad reconocida y enunciada por ustedes, nos permitirá otro país. Solo la verdad enunciada por nosotros a ustedes, será la base de lo nuevo. Les invitamos a contribuir en el derecho restaurador, parar la destrucción, de algo que no nació en La Habana, es algo que nació mucho antes, y está en nuestra propia humanidad y lo llamamos en 2000 en un Encuentro Internacional el Derecho Restaurador, la posibilidad de la dignificación de todas y de todos, responsables y afectados.

Estamos lejos de querer sus riquezas. Somos felices. Eso sí, queremos que se respete nuestra riqueza múltiple y diversa, nuestros modos de ser, nuestro mundo biótico y abiótico, nuestras aguas, y bosques, los ecosistemas. Y deseamos con ustedes poder construir, en ese respeto, una casa común para el buen existir de ustedes, sus familias, y nosotros para nuestros hijos e hijas, y toda la sociedad colombiana y el mundo, somos hijos de la misma madre tierra y de la misma patria, padre y madre, que irradian en todos la posibilidad del nuevo país.

Por eso desde hoy, 20 años después, y 15 de nuestras Zonas Humanitarias, estas la hemos recreado como Ecoaldeas de Paz, es parte de un proceso de reconocimiento de la ética, de la reconstrucción donde esperamos a todos los que dejan las armas, a donde esperamos a los condenados para la propuesta de restauración de nuestra dignidad, pero también, en donde abrimos la experiencia para la portección de la Vida toda y se cimienten bases de formas y modelos de economía sustentable.
La Vida es más que nosotros los humanos, son también tantos seres que están a nuestro lado, que conviven con nosotros, y que también la guerra interna ha afectado.

La reconciliación es con la vida toda, y desde esa sensibilidad impulsamos nuestra propuesta de protección ya no solo de nuestra vida biológica y física en el conflicto armado como fueron las Zonas Humanitarias, sino la vida en su totalidad. Frente a un mundo en hambruna, un mundo que se deshace en la crisis ambiental, impulsamos el derecho a la verdad ambiental en una propuesta de educación que se inicia en el vientre, en la gestación, en la primaria, la secundaria y lo que ahora proyectamos, la Universidad de Paz.

Desde el rescoldo de cenizas, somos génesis de nuevas posibilidades, hay cosas que dependen de nosotros y otras de ustedes.El saboteo a lo que estaba en el Sistema Integral de verdad, de justicia y de reparación es comprensible cuando se tiene miedo, es asumible cuando queremos honrar nuestro territorio y nuestra patria. Si bien es perfectible para el bien de todos, los afectados y los perpetradores, las víctimas y los beneficiarios, el SIVJR es una posibilidad que basada en la verdad nos permitirá lo nuevo.

Seguir inmersos en la mirada guerrera, siendo políticos; en la mirada de los guerreros, siendo empresarios; en la mirada del fuego que incendiando campos a nombre de Dios; amando la guerra a través de las leyes; amando la guerra sin fin, a nombre del honor militar que es más la prolongación de una insano apego al horror, hará más complejo y difícil que fluya esa verdad necesaria hacia las libertades.

Las soberbias bajo diversos presupuestos son el miedo a vernos, las fobias desconocidas o negadas a reconocer lo que la inmersión en la guerra nos llevó a tejer. Somos diferentes, eso es una riqueza. Padecemos la desigualdad de millones de hijos de esta tierra y esta patria eso es un escándalo, y lo nuevo en esta democracia es que esta democracia sea incluyente, desata la mentira como hemos justificado millones muertos, desparecidos, torturados, desarraigados, cerraremos la sed de la venganza, y volverá la generosidad y la solidaridad en tributaciones justas para que todos tengamos un lugar con vida física digna acompasada en el espíritu de la felicidad de todas y de todos, y nadie se vea impelido al uso de la fuerza o al robo por un pan.

Nosotros estamos desde este territorio, en que volvemos a revivir las pretensiones del nuevo paramilitarismo como proyecto de sociedad y de Estado en el cual ya han logrado copar el territorio físico y el alma de algunos, y con una ofensiva que ya cumple casi un mes, matando el alma, con intentos de abrir las vías fluviales afectadas por las palizadas, el derecho a la salud y a la educación, el derecho a la vivienda, negado por el Estado, como se ha negado a la propuesta de reparación que presentamos como resultado de la Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que fallo a nuestro favor; a ellos, a esos armados, también les invitamos a que en el acogimiento, expresen la verdad, de qué se proponen, quién los formó, a quién pagan en las instituciones, a quiénes financian y para qué. Sí, a que más allá de las balas expresen la verdad, antes de que sea tarde para sus vidas, para nuestra vidas y para este país.

Es el tiempo de la palabra, de la inclusión social para que la paz que nace con la justicia socio ambiental sea una realidad, esperamos que abramos todas y todos las almas a lo nuevo, así enfrentamos hace 8 días a los neoparamilitares que incursionaron en nuestra Zona Humanitaria Nueva Esperanza en Dios, una mujer, una mujer joven, una mujer que desato su voz, en medio de la tembladera del cuerpo, y los enfrentó cantando, y saben que pasó, los desarmó y ellos quedaron atónitos con sus armas, y huyeron con sus armas largas, y se callaron de sus insultos y ella bella les cantó: “solo le pido a Dios, que la guerra no me sea indiferente; es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”. Y saben qué sucedió, ellos huyeron. Y aquí en Cacarica seguimos cantando con colores, y alegría, y con un solo deseo no huyamos de la verdad, de esta posibilidad que se ha abierto en nuestra historia.

Familias del Consejo Comunitario de Cacarica asociados en Comunidades de Autodeterminación, Vida y Dignidad, CAVIDA

 

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