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Odebrecht y la cuestionada educación en valores de algunos políticos colombianos

El exviceministro de Transporte de Colombia Gabriel García Morales, que ocupó el cargo durante el gobierno de Álvaro Uribe

Exviceministro de Transporte,  Gabriel García Morales, que ocupó el cargo durante el gobierno de Álvaro Uribe

 

Es una vergüenza. Una desfachatez absoluta. Lo que sucede en Colombia con el caso de la multinacional Odebrecht, este episodio obedece a la ambición demoníaca y miserable de los políticos- empresarios, de los que se jactan de ser tan honorables y egresados de las mejores universidades del mundo.

Aquí lo extraño, para no darle tanto rodeo a lo que quiero sostener, es la penosa contradicción con que manejamos la educación en valores. Esa misma que se construye desde una teoría o postulados que se venden en los manuales y para lo cual el Ministerio de Educación Nacional ha hecho todo un andamiaje desde el discurso pedagógico.

Es lamentable, además de la impotencia que se siente al ver cómo en los documentos del MEN se procura llevar a las escuelas una orientación para formar integralmente a los estudiantes, así como el afán en elaborar un constructo denominado “competencias ciudadanas”, que dicho sea de paso, pretende formar ciudadanos con valores éticos, respetuosos de lo público, que ejerzan los derechos humanos, cumplan sus deberes sociales y convivan en paz.

Este suceso macabro de corrupción y de soborno desmedido pone en tela de juicio la manera en que se lleva a cabo tal educación, existe un quiebre evidente entre la palabra y la acción. ¿Y la familia?…

No es posible que tanta corrupción venga de quienes son educados en las escuelas más costosas y con mejores resultados Icfes, o tal vez, esos mismos que terminan con honores en importantes universidades extranjeras con títulos de maestría y doctorados.

¿De qué vale entonces tanta academia e intelecto si eso no garantiza el respeto por lo público? Si eso no nos hace más humano ¿Para qué sirve ser egresado de la mejor escuela o de la universidad con mayor prestigio en tecnología, innovación e investigaciones? De algo debe servir ser un gran profesional, por lo menos, esa es la idea que se nos vende cuando se trata de estudiar en los mejores centros educativos.

No tiene sentido ser egresado de la Universidad de Harvard y venir a Colombia a robar y despilfarrar sin compasión, en distintos escenarios (salud, educación, infraestructura, entre otros) la plata de millones de compatriotas. No es válido tampoco hacerlo aunque se haya estudiado en una universidad prudente y poco reconocida. El foco de mi percepción radica, fundamentalmente, en que no se nos tiene que hacer creer que para alcanzar las mejores posiciones laborales se necesita solo del intelecto, más si se trata de un cargo público. Preferimos entonces creer que la honestidad y el respeto esté por encima del dominio disciplinar y desempeño laboral.  (Por lo menos, en este momento en Colombia)

Que no se siga vendiendo la idea de que nuestros dirigentes están altamente capacitados, tienen experiencia en determinado sector y por tal motivo merecen liderar carteras tan influyentes como las que estamos acostumbrados a presenciar con huecos de corrupción.

Es hora de que también se evalúe ese aspecto tan necesario en un país que se desmorona, no por la guerrilla o los grupos insurgentes al servicio del narcotráfico, sino por la corrupción que asesina indirectamente a más colombianos que el propio conflicto armado.

 
Por: Carlos Mario Soto Carrascal
Mg. Comunicación.
Docente Universidad del Sinú- Montería
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