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La extrema derecha entre fotomontajes, trinos y fusiles

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Fotomontaje revista Semana

Las líneas ideológicas que diferenciaban a los partidos tradicionales en Colombia se esfumaron tras décadas de luchas bipartidistas, la rapiña de estas colectividades por el poder las convirtió en empresas electorales que terminaron desplazando a miles de colombianos en pro del control territorial del cual obtenían los votos, el resultado de esta dicotomía fue una geografía roja y azul sobre la que campeaban ejércitos privados, los que al sol de hoy serian llamados paramilitares y no simplemente chusmeros o pájaros.

Guerrilla liberal de Zipaquirá durante la Guerra de los Mil Días

Guerrilla liberal de Zipaquirá durante la Guerra de los Mil Días

Mientras el país se desangraba y crecía el número de desplazados los dirigentes liberales y conservadores  se apoderaban de las mejores tierras cafeteras y ganaderas del país, situación que persiste hasta nuestros días con nuevos actores pero con el mismo discurso político.

Históricamente ha sido la derecha surgida del bipartidismo la que ha manejado los hilos del poder en Colombia, logrando implementar todas las formas de lucha de una manera mucho más eficaz que los grupos insurgentes que aparecieron a mediados de la década del 60, y los que solo lograron mediante esta práctica una influencia marginal en pequeñas alcaldías dispersas en zonas de influencia guerrillera. Mientras que la derecha se apoderó del Congreso ocupando la mayoría de sus curules y del poder Ejecutivo mediante alianzas y componendas políticas como el Frente Nacional, menoscabando con cuotas burocráticas las instituciones del estado y convirtiendo la justicia en un arma de control político.

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El constante adoctrinamiento mediático ejercido por este sector que se ha valido de la guerra y de la prensa oficialista para enquistarse en el poder, le ha permitido esconder su fracaso social logrando qué una gran parte del pueblo colombiano identifique no solo en la izquierda armada, también en los grupos sociales de izquierda democrática el origen de todos los males del país, validando así la más sangrienta persecución política en contra de sindicatos, estudiantes y asociaciones campesinas e indígenas.

No se puede desestimar la reacción de la extrema derecha con respecto al acuerdo alcanzado por el gobierno y la izquierda armada representada en las FARC, dos días después de la declaración conjunta en la Habana, su cuadro político más importante Álvaro Uribe  ya había enviado al menos 96 mensajes de Twitter desvirtuando y descalificando el acuerdo. En sus mensajes replicados por miles de sus seguidores lo que subyace es el odio y no el análisis objetivo sobre un modelo de justicia transicional que a todas luces es mucho más completo y ajustado a las necesidades de las victimas que el que implemento su gobierno  en el 2005 con los paramilitares.

Ya en el pasado el país asistió a dolorosos hechos que desataron nuevos ciclos de violencia y desconfianza, como el caso de Carlos Pizarro quien tras firmar la paz con el gobierno y reintegrarse a la vida civil, fue asesinado porque era un serio candidato a ocupar el primer cargo del país, o el exterminio de La Unión Patriótica, partido fundado en 1985 como parte de una propuesta política legal de varios grupos guerrilleros, entre ellos el Movimiento de Autodefensa Obrera (ADO) y dos frentes desmovilizados (Simón Bolívar y Antonio Nariño) del Ejército de Liberación Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

La UP tras distanciarse de los grupos insurgentes, llamó a negociar una paz democrática y duradera. La respuesta de la extrema derecha armada desató el genocidio político de la UP que perdió a dos candidatos presidenciales, los abogados Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y alrededor de 5.000 militantes que fueron sometidos a un exterminio sistemático por grupos paramilitares y miembros de las fuerzas de seguridad del estado azuzados por la clase política en el poder.

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Uno de los genocidios políticos más famosos en el mundo por su crudeza fue el cometido por el partido NAZI en contra de sus propios hombres, el episodio es conocido como La Noche de los cuchillos largos u Operación Colibrí, esta purga se presentó entre el 30 de junio y el 2 de julio de 1934, cuando el régimen nazi llevó a cabo una serie de asesinatos políticos para apoderarse de todas las estructuras del Estado alemán.

En la purga NAZI murieron al menos 85 personas, aunque el número total de fallecidos pudo ascender a cientos, la operación dejo a más de mil personas arrestadas. La mayor parte de los asesinatos los llevaron a cabo las SS.

Las cifras del genocidio político perpetrado por los NAZIS palidecen frente a las cifras del genocidio político perpetrado por los agentes del estado y las estructuras paramilitares en contra de la Unión Patriótica.

Es un hecho que la extrema derecha del país jamás se ha desarmado y no hay razones para pensar que lo haga, ya en el pasado ha demostrado que es capaz de asesinar a sus propios cuadros políticos e ideológicos en pos de sus intereses, una práctica que recuerda la Noche de los cuchillos largos, el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, excandidato presidencial en tres ocasiones y cuya muerte desestabilizó el ya deteriorado gobierno de Ernesto Samper, lo comprueba.

Sobre este asesinato se conocen dos hipótesis, la primera de ellas fue desarrollada por los fiscales generales Alfonso Valdivieso y Alfonso Gómez Méndez y la cual apunta hacia la participación de militares de alto rango, organizados en torno al Grupo Cazadores de Inteligencia con sede en Bucaramanga y dirigido por el coronel Bernardo Ruiz Silva, quien fue acusado y tuvo medida de aseguramiento y quien se dio a la fuga. En el 2003 Ruiz fue absuelto por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado, sin embargo la participación de oficiales del ejército en el asesinato de Gómez nunca se ha descartado del todo.

La segunda hipótesis la plantea Enrique Gómez Hurtado en el libro ¿Por qué lo mataron? En el que acusa a Ernesto Samper y Horacio Serpa de haber sido los instigadores del crimen, basado casi exclusivamente en la declaración que Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’, rindió desde una cárcel de Estados Unidos en el 2010.

Pensar que la extrema derecha renunciará a la política armada y violenta, es en un acto de ingenuidad que no nos podemos permitir en uno de los países con la mayor tasa de impunidad del hemisferio. Los trinos de Álvaro Uribe usando fotomontajes para atizar odios en un país que aun no ha experimentado la reconciliación, dejaron nuevamente al descubierto el sentimiento de muchos colombianos que salieron en su defensa, renegando de la posibilidad de ponerle fin al conflicto más antiguo del hemisferio.

uribe twitter

Aunque pueda resultar jocosa la ceguera del exmandatario evidenciada en su cuenta de Twitter, con un supuesto titular del Daily News que arremete contra el acuerdo sobre justicia transicional anunciado en La Habana, no se puede desestimar el trasfondo de la intensión, ni el veneno que destila la cara más visible de la extrema derecha colombiana, quien ya en el pasado hizo lo mismo con la fotografía de un un soldado llorando, el cual estaba triste supuestamente por el asesinato de los soldados en el Cauca. La imagen real era de un soldado del ejército de Estados Unidos tomada en el 2003 en Bagdad, Irak.

Fotomontaje publicado el 18 de Abril

Fotomontaje publicado el 18 de Abril

Lo que muchos toman como salidas en falso en redes sociales, revelan el talante ideológico del segundo partido con más congresistas en el senado de la república, 20 Senadores y 19 representantes a la Cámara es el grueso del cuerpo parlamentario del centro democrático, principal opositor al acuerdo de paz.

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Lo más probable es que en el futuro inmediato los colombianos asistamos a una paz concertada con las guerrillas, aunque hay que aclarar que la desmovilización de los grupos insurgentes no representa el fin del conflicto, toda vez que los hechos que lo originaron aún subsisten y que uno de sus principales actores sigue sin desmovilizarse, la ultra derecha colombiana.

La vieja élite burguesa que usó a la policía chulavita durante la violencia bipartidista y a las AUC para concretar su hegemonía política a punta de fusil nunca ha depuesto las armas, nunca ha firmado un acuerdo de paz con el pueblo colombiano y sigue aplicando la vieja doctrina que valida todas las formas de lucha. Un personaje que ejemplariza esta situación es quien ocupa el cargo de procurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado.

En 1987 Maldonado era Concejal Municipal por el conservatismo en la ciudad de Bucaramanga, por aquel entonces Ordoñez era un acérrimo defensor del paramilitarismo.

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“No podemos desconocer que las autodefensas se ajustan a las normas de la mora social, del derecho natural y de nuestra legislación positiva”, señalaba Ordoñez en una nota periodística del diario Vanguardia Liberal de Bucaramanga del 19 de agosto de 1987.

Nada nos indica teniendo en cuenta el antecedente histórico, que en el futuro la ultraderecha colombiana vaya a renunciar a la violencia para mantenerse en el poder, de hecho en la actualidad las viejas estructuras paramilitares del Gamonalismo armado siguen perpetuando el despojo, frente a la inoperancia de un estado incapaz de garantizar el derecho a la tierra, y siguen ejerciendo control político en las zonas rurales mediante el miedo.

Uno de los puntos cruciales en el proceso de paz tiene que ver precisamente con el desmonte del paramilitarismo. Recientemente en una entrevista concedida a la Agencia ANNCOL, el asesor jurídico de las FARC en las negociaciones con el gobierno  Enrique Santiago Romero, aseguró que “no creo que sea posible un acuerdo final si no hay un acuerdo estricto previo del desmantelamiento acerca del paramilitarismo”.

En la entrevista el abogado español, que tiene mucha experiencia en la asesoría juridica de conflictos armados, señaló que el acuerdo será aplicable a todos los actores implicados en las violaciones de los derechos humanos durante el conflicto armado de medio siglo.

Esto significa que no solamente militares, policías, guerrilleros o paramilitares van a ser objeto de investigación del Tribunal Especial, sino también no combatientes, lo que explica la furiosa oposición del ex mandatario Uribe y su más cercano aliado, el procurador Alejandro Ordóñez.

Muchos de los empresarios beneficiarios del paramilitarismo  que sembraron con palma de aceite el alto y bajo Atrato siguen manteniendo sus operaciones, la situación se replica en todo el país y aunque se han producido algunas sentencias en ese sentido, el programa de restitución de tierras en Colombia sigue empantanado, muchos de estos empresarios han financiado las campañas electorales de la extremaderecha en un perverso ciclo de violencia.

Gran parte de los territorios de los pueblos ancestrales sigue en manos de terratenientes quienes con el beneplácito del estado se han apropiado de ellos, el mejor ejemplo lo podemos situar en el departamento del Cauca, en donde el 25 de septiembre del presente año, cerca de 800 hombres del ESMAD junto a unidades  del ejército, y auspiciados por empresarios e ingenios cañeros, destruyeron los cultivos de Maíz, Yuca y Fríjol, así como las viviendas de las comunidades ubicadas en la finca La Emperatriz en el Resguardo de Huellas en Caloto, las acciones en contra de los indígenas Nasas también se realizaron en la Hacienda Garcia Arriba en el Resguardo de Corinto -K`wesx Kiwe.

En estos resguardo hace poco 6.000 Nasas celebraron el ritual Saakhelu Kiwe Kame- Ofrenda a la Madre Tierra. Este ritual en el que se armoniza la semilla mediante danzas es un verdadero ejercicio de paz con el que se da inicio a la época de siembra.

En el 2013 en el marco del Tratado de Libre Comercio (TLC) fue prohibida y penalizada la siembra de las semillas ancestrales para favorecer el consumo de las semillas producidas por las multinacionales agroindustriales quienes se han convertido en los nuevos señores feudales del campo colombiano, para nadie es un secreto que muchas de estas multinacionales tanto agro industriales como mineras se han valido de la violencia paramilitar para apropiarse de las tierras más productivas del país.

El proceso de paz que se adelanta en la Habana es una realidad que solo se concretará cuando la política armada deje de ser la norma, por ahora las dos guerrillas más antiguas del mundo se preparan para reintegrarse en la vida política del país. El máximo jefe del Ejército de Liberación Nacional (ELN), Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, precisó que el proceso de paz en Colombia “es uno solo”.

“Con los compañeros de las FARC estamos de acuerdo en que las dos mesas (de diálogo) deben buscar puntos confluyentes y, en lo posible, en la perspectiva de tener un sólo proceso”, dijo el líder guerrillero.

Sobre el invisible brazo armado de la extrema derecha, solo el tiempo nos dirá si dejará de empuñar las armas contra todos los que amenacen su hegemonía.

 

 

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