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La conmovedora carta de Francia Elena Márquez Mina líder afro del Cauca, un llamado a la reflexión nacional

La conmovedora carta de Francia Elena Márquez Mina líder afro del Cauca, un llamado a la reflexión nacional

Francia Elena Márquez Mina, es una líder afro oriunda de la vereda  Yolombó, municipio de Buenos Aires, en el norte del Cauca, zona donde se presentó el ataque de las FARC.

Francia además es presidenta del Consejo Comunitario de su localidad y una de las líderes que marcharon hacia finales del año pasado hasta la Plaza de Bolívar en Bogotá, para denunciar el impacto ambiental que viven sus comunidades por cuenta de la minería. Por ese motivo fue declarada “objetivo militar”.

Francia Elena Márquez Mina dio a conocer a los medios una conmovedora carta que de por es una radiografía muy precisa de lo que viven las comunidades de la Colombia rural, se las compartimos con el animo de abrir espacios de reflexión sobre el conflicto social y armado que vive el pueblo colombiano casi desde la misma fundación de la patria.

Situación que carcome mis entrañas

Soy una mujer afrocolombiana, nací en una de esas montañas del departamento del Cauca, uno de los departamentos a quien la guerra más ha golpeado en este país. Mis ancestros y ancestras fueron esclavizados para hacer minería y agricultura para la corona española que hasta el sol de hoy conserva su reinado.

Por muchos años hemos convivido con nuestros hermanos indígenas y campesinos, sin mayores dificultades, sin embargo la guerra sistemática nos ha golpeado siempre. Inicialmente la colonización, la mal llamada conquista, que no fue más que el inicio del saqueo de la riqueza que existían en estas tierras.

También hubo una mal llamada “independencia”, pero en realidad lo que hubo fue la repartición de lo que dejaron los españoles, es decir, la repartición que se realizó entre los herederos de esa corona española, que en este país no pasaban y no pasan hoy de ser más de 10 familias, las mismas que hoy continúan manejando el país, pero sobre todo beneficiándose de la guerra.

No dejo de preguntarme cada día: ¿tienen importancia las vidas de las comunidades afros, indígenas y campesinas para este país?

Al igual que a muchas mujeres, jóvenes, mayores y hombres, que cientos de miles de familias, desde hace algunos meses me toco salir huyendo de mi tierra, porque actores armados me declararon objetivo militar con mis dos hijos, a quienes también les toco dejar sus estudios, sus compañeritos con los que han crecido, con los que aprendieron a pescar, a nadar, a sembrar y a miniar, entre muchas otras cosas.

Todo esto que hemos vivido ha sido por el amor que hemos conocido en nuestros territorios, el amor de ver germinar una palma de plátano, de un día soleado de pesca, de sentir cerca a la familia, defender nuestra permanencia y allí donde hemos crecido y no queremos salir porque esa tierra de las abuelas y los abuelos, puede ser también la tierra para nuestras nietas y nuestros nietos, nuestra tierra es nuestro lugar para soñar con dignidad nuestro futuro. Salimos corriendo y a escondidas, sin deberle a nadie por denunciar los abusos que día a día padecemos las comunidades negras, indígenas y campesinas en el Norte del Cauca, debido a los intereses económicos en nuestros territorios. Actores armados nos declararon objetivo militar, y por ello dejamos tirados los cultivos de plátano, caña, y hortalizas orgánicas, que sembrábamos. Ya se secaron, ya se murió ese esfuerzo, me sentía orgullosa, porque junto con mi compañero y mis hijos estábamos demostrándole a la comunidad que sí podemos vivir tranquilos en el campo, sembrando lo que nos vamos a comer.

Tal vez por eso nos persiguen, porque queremos una vida de autonomía y no una de dependencia, una vida donde no nos toque mendigar, ni ser víctimas.

Hoy me encuentro desplazada, con el horizonte un poco perdido. Más aun, al saber que quizás regresar no será fácil. Más cuando la guerra absurda que no empezó hace 60 años si no hace 400, y que por más esfuerzos que hemos hecho, continúa bañando nuestros ríos de sangre, con la sangre de los que estamos abajo.Cuando llegamos a esta selva de cemento mis hijos estaban sorprendidos y en su lengua me decían “hay noooo mami ese plátano vale mil peso, noooo eso está muy caro! Porque saben que cuando estábamos en el campo comernos un plátano no costaba nada, por lo menos en términos monetarios, y además cualquier vecino si no tiene sembrado le regala a una una gaja y si tenía hasta un racimo.

Antes de ayer me sentí supremamente frustrada, en la noche no pude dormir, toda la noche estuve preguntándome a mí misma, ¿cómo hacemos para parar la guerra? ¿Qué más tenemos que padecer? ¿Cómo estará la gente que vive en la zona alta del municipio de Suarez y Buenos Aires o la montaña? como cariñosamente decimos nosotros.

Lamenté profundamente la muerte de los militares, porque desafortunadamente son nuestros hermanos, primos o sobrinos que por no tener oportunidades para ir a una universidad, o tener un trabajo digno, la única opción que les queda es irse a combatir en una guerra que no es de ellos, y que ni siquiera saben por qué empezó. Muchos dicen que es para defender la patria, y yo me pregunto ¿cuál patria? ¿La patria de quién si desde la esclavización hasta hoy las 10 familias que se creen las herederas de la corona española han ostentando el poder económico en este país, y han hecho lo que han querido con nosotros? Nos han llamado salvajes, esclavos, incivilizados, minorías, montañeros etc. Y todo eso les ha servido para justificar el negocio de la guerra.

Es por eso que los medios de comunicación ayer todo el día hablaron de los héroes de la patria, que en realidad son campesinos, que los usa el Estado para cuidar los intereses económicos de las 10 familias. Mucha gente diciendo con un odio profundo que salía desde sus corazones, “señor presidente debe ordenar los bombardeos”.

Sin embargo me parece muy irresponsable que la gente pida bombardear esos territorios, esos territorios no están vacíos, en ellos viven niños, niñas, mujeres, mayores, jóvenes, familias, en general gente que nada tiene que ver con esa maldita guerra absurda. Pero claro la gente que dice eso es la que vive en la ciudad y nunca le ha tocado estar en medio del fuego cruzado, gente que no sabe lo que es tener los helicópteros encima de su casa disparando ráfagas. Los que no saben lo que significa que alguien vaya a su finca a desyerbar y cuando sienta es que su azadón haló el cable de la mina anti persona que se había sembrado y que terminó con su vida partiéndole por la mitad; como pasó el año pasado con un miembro de la comunidad de la Alsacia, gente que no sabe qué es vivir en una zona sin energía, sin agua potable, sin señal telefónica y además confinados todo el tiempo. Esa es la que dice: “señor presidente debe ordenar los bombardeos”.

La guerra es guerra venga de donde venga. Lo que deberíamos estar exigiendo es la paz real para nuestros territorios. El departamento del Cauca ha sido bastante golpeado por la violencia, unas veces por la FARC, otras por paramilitares y otras veces por el mismo Estado, y a ninguno le importa, o se ha puesto a mirar, que en últimas quienes terminamos, como decimos nosotros, “pagando los platos rotos” somos las comunidades, afros, indígenas y campesinas.

No va haber paz con corrupción institucional, con destierro, no va a haber paz con amenazas de muerte a las comunidades y sus líderes y liderezas, no va haber paz ordenando bombardear los territorios, no va haber paz con explotación minera a gran escala. Las locomotoras del desarrollo sólo generan miseria, hambre, contaminación, guerra y muerte. No habrá paz con medios de comunicación desinformativos. Tener la cárcel más grande de América Latina en Jamundí tampoco traerá la paz.

La paz implica el respeto a la vida y los territorios ancestrales de las comunidades afros indígenas y campesinas, implica que en Colombia exista la universidad más grande de América Latina donde a los estudiantes no se les saque de los salones de clase por no tener con qué pagar el semestre. La paz implica que en Bogotá y en Colombia no nos maten por ser negros o indígenas. La paz implica que los políticos no se roben la plata de la salud, que las mujeres podamos ser respetadas en nuestros derechos, que no seamos torturadas, abusadas sexualmente, implica autonomía, respeto a la diferencia, a los saberes ancestrales. Implica la discusión y trasformación del modelo de desarrollo que en últimas ha sido el causante de tanta guerra no sólo en Colombia sino en el mundo.

 

 

Francia Elena Márquez Mina

Líder afro del departamento del Cauca

 

 

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